Guía de Oración y Devoción

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En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada se ha hecho de cuanto se hizo; en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas; y las tinieblas no la han recibido.

Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Éste vino como testigo para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. No era él la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; mas el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, si creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios; los cuales nacen, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.

(Comienzo del Santo Evangelio según San Juan)

INTRODUCCIÓN

Por casualidad cayó un día en mis manos un librito titulado “El gran medio de la oración”, de San Alfonso Mª de Ligorio, cuando me encontraba desde hacía ya algún tiempo atravesando por un arduo y difícil proceso de conversión; el cual, si bien por la Gracia de Dios avanzaba sustancialmente, debido a mi condición de pecador no estaba exento de múltiples tropiezos, caídas decepcionantes y sonados retrocesos.

Del magnífico librito de San Alfonso me impactó enseguida poderosamente una frase contundente y radical como pocas, que golpeó hasta las entrañas mi alma, mi mente y mi corazón: “Quien reza se salva, quien no reza se condena”; con ella, el santo doctor de la Iglesia no dejaba opción a dudas.

Para cuando llegó a mis manos tal librito, hacía ya algún tiempo que, por la Gracia de Dios, me había convencido de la importancia de la oración, la cual practicaba con asiduidad gracias a un plan de oración y devoción que había elaborado. A pesar de los descalabros a que me he referido anteriormente, los frutos eran evidentes; máxime si se compara mi estado espiritual en esos instantes con el profundo erial que lo caracterizaba cuando no rezaba. Aun con todo, soy consciente de que este camino no ha hecho más que empezar y que no acabará hasta el día de mi muerte.

Debido a ello, y con el único objeto de animar a otros a orar para así salvarse, después de encomendarme a Nuestro Señor, de pedir luz al Espíritu Santo, la intermediación de Nuestra Madre la Santísima Siempre Virgen María y la oración de nuestro Santo Patriarca San José, me decido a plasmar por escrito, en un trabajo que quiere ser eminentemente práctico, mi experiencia personal.

Simple católico y pecador lleno de carencias y defectos, desde hace algún tiempo –o al menos lo intento con todas mis fuerzas–, gracias a la oración asidua y constante, y por la Gracia de Dios, intento caminar por este valle de lágrimas procurando, ante todo, ajustar mi vida a la voluntad de Nuestro Señor, buscando desesperadamente salvarme, es decir, aprovechar esta vida para conseguir la verdadera vida, la Vida Eterna, y utilizar este tiempo de misericordia que se nos concede para expiar mis pecados intentando presentarme al Juicio, que a todos nos espera, en el mejor estado posible; en definitiva, y por la Gracia de Dios, procurarme un lugar, aunque sea el último y el peor de todos, en el Paraíso prometido, convencido de que, pues he de morir, nada puede haber más importante que lo dicho; además, y en definitiva, de qué me serviría ganar este mundo si pierdo mi alma.

Pido a Dios que, por su Gracia, aquellos a cuyas manos llegue esta guía la lean con detenimiento –y relean cuantas veces puedan–, les aproveche y sea útil para su salvación. Asimismo, ruego encarecidamente a dichas personas que recen por la mía; caridad que les agradezco de antemano.

¡Laus Deo!

Donde se exponen diversas nociones
que deben tenerse muy en cuenta
y releerse de tiempo en tiempo,
para mejor aprovecharse de esta guía.

Necesidad vital de la oración
Para bien orar

 

NECESIDAD VITAL DE LA ORACIÓN

Si tajante es San Alfonso Mª de Ligorio cuando afirma que «Quien reza se salva, quien no reza se condena», infinitamente por encima de él y mucho más contundente fue Nuestro Señor Jesucristo cuando afirmó:

* «…orad para que no entréis en tentación»; luego si Nuestro Señor mismo afirma la necesidad de orar para no entrar en tentación, entonces es que la oración es vital para salvarnos.
* «…pedid y se os dará…»; luego si para que se nos dé aquello que creemos necesitar –siempre supeditado a la voluntad de Dios–, es esencial pedir, entonces también es vital orar.

Pero más aún. En numerosos pasajes del Nuevo Testamento los evangelistas dan fe de las múltiples ocasiones en que Nuestro Señor se retiraba a orar; especialmente en los momentos previos a los más trascendentales acontecimientos de su vida terrenal. Luego, si el mismísimo Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios hecho hombre, Dios y Hombre verdadero, y por todo ello sin mancha alguna de pecado, oraba asiduamente, cuánto más, muchísimo más, debemos orar nosotros, pecadores desde que nacemos.

Muchas otras razones podrían añadirse a las citadas para avalar la vital necesidad de la oración, pero sinceramente creo que ninguna puede ser superior a las anteriores.

De todas formas, remitimos al lector a la relación de lecturas que recomendamos al final de esta guía, en donde podrá hallar otras muchas de boca de autores más que cualificados.

¡Laus Deo!

PARA BIEN ORAR

Tres son los pilares esenciales sobre los que se asienta la oración: la FE, la PERSEVERANCIA y la HUMILDAD.

Debemos orar con FE, FE y FE; con confianza y seguridad plenas; sin el menor atisbo de duda; convencidos de que nuestra oración SIEMPRE es escuchada –no hay oración por pobre que sea que se pierda–; otra cosa es que por nuestras carencias y por nuestra penosa condición de pecadores, lo que pidamos, sea porque no nos conviene para nuestra salvación, sea porque no es el momento oportuno según los planes de Dios, no se nos conceda al instante o incluso nunca.

Debemos orar con PERSEVERANCIA; con constancia y tesón; impasibles al desaliento; insistentemente, sin desfallecer, sin ceder NUNCA a la tentación de dejar de rezar; sin dejar de hacerlo hasta el último segundo de nuestra existencia.

Debemos orar con HUMILDAD; como el publicano, no como el fariseo; la humildad es la llave que abre el Corazón de nuestro Señor.

Debemos orar, especialmente, cuando aparezca en nosotros el menor atisbo de tentación; sea grave –mucho más en este caso– o leve. Nada mejor para ahuyentar y vencer las tentaciones que orar; estemos donde estemos, precisamente en el lugar en el que la tentación nos asalte, sea cual sea.

Debemos orar disponiendo y orientando nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón hacia Dios; con ánimo y decisión; con pausa, calma y serenidad.

Debemos orar pidiendo, sobre todo, dos cosas:

* NUESTRA CONVERSIÓN –quien se convierte de veras, se salvará, pues conversión es lo que predicó Nuestro Señor y conversión es lo que quiere de nosotros–; sin olvidar nunca que lograr nuestra plena conversión será labor de toda nuestra vida, debiendo convertirnos a Dios todos los días mientras nos hallamos en este mundo; conscientes de que nunca será suficiente.

* QUE DIOS NOS LIBRE DE CAER EN TENTACIÓN; no que no seamos tentados, pues sea por nuestra innata condición de pecadores, sea para merecer, siempre estamos en riesgo de ser tentados.
Debemos orar para pedir perseverancia y todo aquello que creamos necesario para nuestra salvación; también los bienes materiales que consideremos, bien que supeditándolos siempre a la voluntad de Nuestro Señor; asimismo ante la adversidad y el sufrimiento, pues la oración es la mejor ayuda para sobrellevar lo uno y lo otro.

Igualmente debemos orar para pedir la conversión de nuestros seres queridos, amigos y conocidos; también la de nuestros enemigos; asimismo la de nuestra Patria, cuya unidad, paz, justicia y prosperidad dependen, como demuestra su Historia, de su conversión.

Debemos orar para dar gracias a Dios por tantísimos dones espirituales y materiales, visibles e invisibles, que constantemente nos concede desde que nacimos; no sólo es de bien nacidos ser agradecidos, sino que, además, quien agradece merece nuevos y mayores dones y gracias; y no se dude: ¡tenemos muchísimo más que agradecer, que pedir!

Podemos orar vocal o mentalmente según el lugar, el momento, la posibilidad o la conveniencia; recitando las oraciones que consideremos o entablando con Dios un confiado diálogo como lo hacemos con nuestros familiares o amigos; no en balde Dios es nuestro Creador, nuestro Padre, nuestro Hermano y nuestro Amigo, y como a tales permite y quiere que Le tratemos.

Debemos orar con sentimiento, pero sin sentimentalismo; en grupo o a solas; sin desmoralizarnos por las distracciones que nuestra humana condición pueda procurarnos. Debemos orar en la iglesia, en casa o en la calle.

Debemos orar SIEMPRE, SIEMPRE que podamos –y siempre podemos–; cuando descansamos o trabajamos; por el día o por la noche; cuando viajamos; al desvelarnos mientras dormimos; antes de comenzar cualquier proyecto o acción por grande o pequeño que sea. Nunca habrá razón o excusa válida para no rezar; tampoco para no encontrar el tiempo, largo o corto, para ello.

En definitiva, y pues sabemos que nos va la Vida Eterna en ello, orar debe ser nuestra prioridad diaria irrenunciable, conscientes y convencidos de que nada, nada más importante vamos a hacer en todos y cada uno de los días de nuestra existencia.

¡Laus Deo!

 

Donde se presenta el Plan de Oración y Devoción,
fundamento de esta guía

El plan de oración y devoción

EL PLAN DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Convencidos de la importancia vital de la oración, y tras hacer firme propósito de orar, es necesario establecer un plan personal de oración y devoción que armonice nuestras necesidades con nuestras posibilidades según sea nuestro estado espiritual y nuestra disponibilidad de tiempo; por ello, cada uno deberá diseñar el suyo propio, el cual, además, podrá ir variando para adecuarse a las distintas etapas de nuestra vida espiritual y personal.

Característica fundamental de nuestro plan de oración y devoción es que sea POSIBLE; es decir, que sea factible, realizable; de nada sirve comprometernos en demasía para luego no cumplir. Para ello es mejor comenzar con poco para ir aumentando según veamos que podemos y necesitamos, hasta alcanzar el nivel con el que nos encontremos satisfechos. No se trata de orar mucho por orar, sino de orar lo justo y necesario y, eso sí, hacerlo lo mejor posible.

Todo plan de oración y devoción para que sea completo, debe constar de: oraciones fundamentales, oraciones complementarias, oraciones accesorias, devociones y penitencias; todas deben formar un conjunto armónico, sin que falte o sobre ninguna.

* Oraciones fundamentales:
–El Santo Sacrificio de la Misa
–La Confesión
–El Santo Rosario

Por su máxima y elevadísima naturaleza son la base, los pilares sobre los que debe descansar nuestro plan de oración y devoción. Son la esencia, el núcleo del mismo. Su importancia es capital, fundamental. Ninguna otra oración las supera.

* Oraciones complementarias:
–Al levantarnos
–El Ángelus
–Al acostarnos
–Jaculatorias

* Devociones:
–Adoración al Santísimo.
–Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado.
–Los nueve primeros Viernes de mes al Sagrado Corazón de Jesús.
–Los cinco primeros Sábados de mes a la Santísima Virgen.
–Los siete dolores del Purísimo Corazón de María.
–El Vía Crucis.
–Actos de desagravio.
–Las tres Ave Marías.
–Encargar Misas.

* Penitencias

Si bien lo anterior puede parecer a priori excesivo o irrealizable, conforme en los próximos capítulos vayamos desgranando sus particularidades, comprobaremos que es todo lo contrario.

Asimismo, y aunque es verdad que al principio costará llevarlo a efecto, si de verdad estamos convencidos de su vital importancia –fe, fe y fe, confianza y seguridad– y hemos hecho verdadero y firmísimo propósito de realizarlo –perseverancia, constancia, tesón–, pronto comprobaremos no sólo que nuestro plan es fácil y llevadero, sino que incluso se convierte en parte inexcusable de nuestra existencia, es decir, en una necesidad vital tan irrenunciable como puede ser respirar, de la cual no podemos prescindir. Así, cuando por cualquier causa –propia o ajena– dejemos alguna parte del mismo sin cumplir, nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón, a través de nuestra conciencia, nos lo reclamará; será entonces cuando podremos asegurar que realmente oramos y estamos en el buen camino.

Punto importantísimo a la hora de diseñar nuestro plan de oración y devoción para hacerlo posible es elegir con máximo realismo el momento en el que vamos a realizar cada oración. Para ello debemos analizar en profundidad cuál es nuestra rutina diaria de vida y trabajo, cuáles son nuestras pautas más asiduas y habituales tanto en días laborables como en fines de semana, en invierno como en verano o en el resto de estaciones del año, etc., etc. Sólo así podremos dar forma a una estructura de oración y devoción real, posible y eficaz que nos permita cumplir con facilidad –sin rehuir el sacrificio, ni dejarse vencer por la pereza y la comodidad, ya que orar supone un esfuerzo que es parte de su mérito– y siempre –o al menos en un porcentaje muy elevado– con dicho plan.

¡Laus Deo!

En la que constan las oraciones concretas
que debemos rezar, precedidas de algunas
consideraciones previas explicativas
que deben releerse asiduamente

 

La Santa Misa:
– Consideraciones generales
– Oraciones durante la Santa Misa
– Preparación de la Misa
– Durante el desarrollo de la Misa
-Terminada la Misa

La Confesión:
-Consideraciones generales
-Qué debemos confesar
-Preparación de la confesión
-Examen de conciencia
-Realización de la confesión

El Santo Rosario:
-Consideraciones generales
-Estructura del Santo Rosario
-Rezo del Santo Rosario

Resto de oraciones:
-Al levantarnos por la mañana
-El Ángelus
-Oraciones al acostarnos
-Jaculatorias

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Periodicidad.- Diaria.
Tiempo requerido.-
Preparación de la Misa: Unos quince minutos
Duración de la Misa: Unos treinta minutos
Una vez terminada la Misa: Cinco minutos

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Consideraciones generales.-

El Santo Sacrificio de la Misa es un sacramento; de ahí su relevancia. Es el sacramento que instituyó Nuestro Señor Jesucristo en su última cena. Cada vez que se celebra, Nuestro Señor vuelve a inmolarse verdadero y real tal y como lo hizo en el Calvario; bien que en la Misa de forma incruenta y sustancial “Por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo de Cristo Señor nuestro, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. La cual conversión, propia y convenientemente, fue llamada transubstanciación por la Santa Iglesia Católica” (Concilio de Trento. Sesión XIII). En el altar, desde la Consagración y hasta la Comunión está presente Nuestro Señor, verdadero y real, sustancial, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

La Santa Misa es, ante todo y sobre todo, un SACRIFICIO SANTO “Si alguno dijere que en el sacrificio de la Misa no se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, o que el ofrecerlo no es otra cosa que el dársenos a comer Cristo, sea anatema” (Concilio de Trento. Can.1 Sesión XXII); es el SACRIFICIO único posible, verdadero y real; único agradable y digno de Dios Padre; y, por ello, el único que podemos y debemos ofrecerle.

Es SACRIFICIO y es SANTO porque se oficia por un sacerdote que inmola una víctima santísima a Dios. Y es que es muy importante saber que en la Misa el sacerdote, el Sumo Sacerdote, es Nuestro Señor Jesucristo, y la víctima, la Víctima Propiciatoria, es también Nuestro Señor Jesucristo; el sacerdote humano que celebra la Santa Misa lo hace en realidad “in persona Christi”, es decir, en nombre de Cristo, con el poder de Cristo, en lugar de Cristo y por identificación sacramental con Cristo; de ahí que dicho sacerdote humano puede ser el peor de todos los hombres del mundo, que de todas formas el Sacrificio de la Misa se llevará a cabo, pues se realizará por Cristo, con Él y en Él.

La Santa Misa es la oración de las oraciones. Es la suprema, la sublime oración. La asistencia a ella constituye el acto más importante y trascendental que podemos realizar en nuestra vida; lograrlo diariamente debe ser nuestro afán; caso de no ser posible, no debemos perder ocasión de asistir a ella siempre que podamos. No debe bastarnos con asistir a Misa los Domingos, festivos y días de precepto si realmente queremos progresar en nuestra vida espiritual, convertirnos y salvarnos.

De la importancia y trascendencia de la Misa se ha dicho:

* “Más merece el que devotamente oye una Misa en gracia de Dios, que si diera todos sus bienes para sustento de los pobres” (San Bernardo)
* “Oír una Misa en vida o dar limosna para que se celebre, aprovecha más, que dejarla para después de la muerte” (San Anselmo)
* “Más aprovecha para la remisión de la culpa y de la pena, es decir, para la remisión de los pecados, oír una Misa que todas las oraciones del mundo” (Eugenio III Papa)
* “Con la Misa se tributa a Dios más honor, que el que pueden tributarle todos los ángeles y santos en el Cielo, puesto que el de éstos es un honor de criaturas, más en la Misa se le ofrece su mismo Hijo Jesucristo, que le tributa un Honor infinito” (San Alfonso Mª de Ligorio)
* “Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Misa es obra de Dios. En la Misa es el mismo Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, el que se ofrece al Padre para remisión de los pecados de todos los hombres y al mismo tiempo le rinde un Honor infinito” (El Santo Cura de Ars)
* Cuenta Santa Teresa de Jesús que suplicaba un día a Dios que le indicara cómo podía pagarle todas las mercedes que le había dispensado. Entonces tuvo una revelación en la cual Dios le dijo “Oyendo una Misa”.
* A la hora de tu muerte, tu mayor consolación serán las Misas que hayas oído en vida. Cada Misa que oíste, te acompañará al Tribunal Divino, y abogará para que alcances el perdón.

En la actualidad hay dos formas válidas de celebrar la Santa Misa: la Ordinaria, según el denominado Novus Ordo, cuya forma fue instaurada a partir de 1970 tras el Concilio Vaticano II, y la Extraordinaria o Tradicional –también conocida como Misa tridentina o gregoriana– cuya forma se remonta al siglo IV, que ha permaneciendo prácticamente invariable hasta nuestros días, la cual fue codificada y sancionada definitivamente por el Papa San Pío V en 1570 siendo la única existente hasta 1970; dicha forma, además, nunca fue abolida.

Siendo pues ambas igualmente válidas, actuando en ambas Nuestro Señor como Sumo Sacerdote y Víctima Propiciatoria, y realizándose en ambas plenamente Su sacrificio, nos decantamos, sin duda, por la Misa Tradicional debido –según nuestro particular parecer– a su mayor consistencia y profundidad doctrinal, recogimiento, plenitud y belleza; por eso recomendamos vivamente conocerla y asistir a ella siempre que sea posible.

Asimismo recomendamos rezar las oraciones en la Misa Ordinaria en latín –en la Tradicional siempre son en dicha lengua– por ser el idioma secular y oficial de la Iglesia, así como el único en que cualquier católico puede asistir y seguir la Santa Misa con plenitud independientemente de la lengua del país en que se encuentre.

Más aun, debemos adquirir la costumbre de rezar siempre nuestras oraciones, verbal o mentalmente, en lo posible en latín, al menos las más comunes, por ser una manera muy especial e importante de demostrar nuestra catolicidad, es decir, la universalidad de la Iglesia cuya única lengua oficial y secular, el latín, tiene la capacidad de romper las barreras que imponen el excesivo uso que de las lenguas vernáculas se hace en la actualidad.

A la Santa Misa hay que asistir con máxima atención y devoción, tanto interior como exterior, conforme a la suma importancia de dicho acto; con toda el alma, con toda la mente y con todo el corazón.

La asistencia a la Santa Misa debe estar precedida de un tiempo de preparación que nos sirva para entrar en situación, tomar conciencia de la importancia del acto al que vamos a asistir, pedir la ayuda de Dios para ello y ofrecer la Misa por las intenciones que consideremos. Este periodo de preparación puede llevarnos de diez a quince minutos, lo que quiere decir que debemos llegar a la iglesia cuando menos diez o quince minutos antes de que dé comienzo la Misa.

Durante la celebración de la Misa debemos evitar cualquier tipo de distracción, guardar el máximo decoro –también en el vestir– y exteriorizar, sin afectación, las muestras de respeto y piedad. No en balde estaremos delante de Nuestro Señor que estará presente verdadero y real, bien que sustancial, bajo las especies del pan y del vino; debemos asistir a cada Misa como si fuera la última antes de rendir cuentas a Dios.

La asistencia a la Santa Misa debe ser plena, lo que conseguiremos si nos encontramos en Gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal y, por lo tanto, podemos comulgar.

Comulgar debe ser nuestro máximo afán, pues recibir durante nuestra vida terrenal a Nuestro Señor, verdadero y real, sustancial, debe ser nuestra máxima aspiración; nada puede compararse ni por asomo a tan trascendental y vital don; comulgar es un don, no un derecho. Si no nos fuera posible comulgar por tener la desgracia de encontrarnos en pecado mortal, y tampoco nos fuera posible confesarnos, no por ello debemos dejar de asistir a Misa, debiendo hacerlo con la misma fe y confianza que si estuviéramos en Gracia.

Debemos cultivar en nosotros e impulsar en los demás un amor y una devoción máxima y sin igual por el Santo Sacrificio de la Misa.

Terminada la Santa Misa debemos permanecer algún tiempo orando, pues al comulgar vive en nosotros, verdadero y real, sustancial, durante unos minutos, Nuestro Señor Jesucristo, al cual tenemos tan cerca que lo tenemos dentro formando parte de nosotros. Don de tanta importancia no podemos desaprovecharlo saliendo corriendo de la iglesia para perdernos en el mundanal ruido.

La asistencia diaria, habitual, asidua, a la Santa Misa nos aportará unos beneficios espirituales de tal magnitud que, cuando realmente nos demos cuenta no podremos prescindir de ella; uno de tales beneficios es que aleja de nosotros las tentaciones y que, en caso de que existan, nos permitirá vencerlas con mayor facilidad.
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Oraciones durante la Santa Misa

* Preparación de la Misa

(Unos quince minutos antes de su comienzo)

— SEÑOR MÍO JESUCRISTO, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. También me pesa porque podéis castigarme con las penas del Infierno. Ayudado, Padre, de vuestra divina Gracia, sin la cual nada se puede, con la cual basta, todo se alcanza y que nunca nos falta, propongo firmemente no pecar más, confesarme regularmente y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
— PATER NOSTER, qui es in cælis. Sanctificétur nomen tuum. Advéniat regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in coelo, et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem. Sed líbera nos a malo.
— AVE MARÍA, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in muliéribus, et benedictus fructus ventris tui Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in ora mortis nostrae. Amén.
— GLORIA PATRI, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amén.
— Señor mío Jesucristo, perdón, piedad y misericordia; perdón, piedad y misericordia. Vence mi rebeldía, doblega y endereza mi voluntad hacia Ti; haz que en Ti me refugie, de Ti me fortalezca y en Ti me abandone con toda mi alma, con toda mi mente y con todo mi corazón. Y gracias, gracias, gracias por tantísimos dones, en especial por el de la Redención.
— Dios mío Espíritu Santo, ven, llena esta alma, esta mente y este corazón, infunde en ellos el fuego de tu Amor, renuévalos, límpialos, conviértelos, y haz que asista a este Sacrificio Santo y ore a Dios Padre Todopoderoso con las disposiciones debidas de humildad, fe, esperanza, confianza y seguridad plenas.
— Santa María, Madre de Dios y Madre mía, plena de Gracia, Co-redentora nuestra, intercede por mí y por mis intenciones, pues a tu Inmaculado Corazón todo se concede, nada se niega. Madre de Dios y Madre mía, intercede por mí y por mis intenciones.
— San Miguel Arcángel, Santo Ángel de la Guarda, Santo Patriarca San José, San… (santo al que debemos tener especial devoción por conocerse que superó el pecado o defecto del que nosotros más adolecemos) y San… (santo de nuestro propio nombre al que asimismo debemos especial devoción), rogad por mí y por mis intenciones.
— Dios Padre Todopoderoso, mi Creador, a Quien todo debo, de Quien para todo dependo: perdón, piedad y misericordia. Acoge bondadoso este Sacrificio Santo que te ofrezco, único posible, verdadero y real, único agradable y digno de Ti, que lo va a ser por Nuestro Señor Jesucristo, su Víctima Propiciatoria y su Sumo Sacerdote. Nuestro Señor Jesucristo, tu Unigénito, engendrado, no creado, de tu misma naturaleza, por Quien todo lo haces. Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo bien amado, en Quien tienes puestas todas tus complacencias. ¡Qué no concederá un Padre como Tú por un hijo como Éste y Su sacrificio! Nuestro Señor Jesucristo, Quien sentado a tu diestra es Dios, y contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Acoge bondadoso este Sacrifício Santo:

— Como adoración, alabanza, glorificación, bendición, reconocimiento y culto a Ti y a tu Santísimo nombre.
— Llegue a Ti como acción de gracias por tantísimos dones como me concedes.
— Por este Sacrificio Santo perdona mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; mis incalculables y justísimas penas acumuladas por ellos; no me dejes caer en la tentación. Concédeme una conciencia clara de la gravedad de mis pecados, un verdadero arrepentimiento y aborrecimiento de ellos; un firme, valiente, decidido y definitivo propósito de enmienda; y un anhelo constante e incontenible por permanecer en tu Gracia. Concédeme, Señor, la conversión, tu sublime tesoro.
— Y si es tu voluntad, acoge bondadoso y concede las siguientes intenciones:
– La conversión de los pecadores y descreídos.
– Tu paz y felicidad, únicas absolutas, eternas y verdaderas a tus hijos… (nombrar sólo a los dos o máximo tres familiares difuntos más allegados) y demás difuntos que sean de tu agrado y de mi mayor obligación(nuestros familiares) e intenciones (nuestros amigos y otros) que bien conoces.
– Preserva de todo mal espiritual y material, concede la conversión a… (nombrar a los familiares más allegados).
– Concede la gracia de sobrellevar sus sufrimientos y la curación o alivio en lo posible de sus males a…(nombrar a los familiares o amigos enfermos).
– La conversión de España y la vuelta, por la fe, a su unidad, paz, justicia y prosperidad.
– Protege y ayuda al Papa, a los buenos sacerdotes y religiosos, mándanos muchos buenos y de verdad santos sacerdotes y religiosos, y re-convierte a los descarriados.
– No tengas en cuenta a mis enemigos sus posibles ofensas contra mí, pues todo y tantísimo me perdonas a mí; no les tenga yo por tales y sepa tratarlos con serenidad, justicia y caridad.
-Cualesquiera otra que se considere.

— Y todo ello por este Sacrificio Santo que lo va a ser por Nuestro Señor Jesucristo; y concédelo también por la maravillosa intercesión de Nuestra Madre, la Santísima Siempre Virgen María, plena de Gracia, Co-redentora nuestra, a cuyo Inmaculado Corazón todo concedes y nada niegas, y por los ruegos de nuestro Santo Patriarca San José.

* Durante el desarrollo de la Misa:

(A tener en cuenta especialmente en la Misa Ordinaria)

— Actos de contrición iniciales:
– Confiteor Deo Omnipoténti, / beáte Maríæ semper Vírgini, / beáto Michaéli Archángelo, / beáto Joanni Baptístæ, / sanctis Apóstolis Petro et Paulo, / ómnibus Sanctis, et tibi, Pater: / quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere: (aquí se golpea el pecho tres veces) / mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. / Ídeo precor beátam Maríam semper Vírginem, / beátum Michaélem Archángelum, / beátum Joánnem Baptístam, / sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, / omnes Sanctos, et te, Pater, / oráre pro me ad Dóminum Deum nostrum.

– Kýrie eléison.
Christe eléison.
Kýrie eléison.

— El Gloria (si lo hubiera):
Gloria in excélsis Deo.
Et in terra pax homínibus bonæ voluntátis.
Laudámus te.
Benedícimus te.
Adorámus te.
Glorificámus te.
Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili unigénite, Jesu Christe.
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris.
Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.
Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis.
Quóniam tu solus Sanctus.
Tu solus Dóminus,
Tu solus Altíssimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spíritu in glória Dei Patris. Amén.

— Lectura de la Epístola:
Prestar máxima atención, pues no en balde es la Palabra de Dios; además de una magnífica oportunidad de conocer la Biblia, máxime si asistimos a Misa diariamente.

— Recitación del Salmo del día:
Mientras se recita el Salmo del día, dado que en la Misa por su forma Ordinaria muchas veces su significado es de difícil comprensión o no suele incitar a la meditación, es preferible rezar para uno mismo lo que sigue:

– Señor mío Jesucristo, perdón, piedad y misericordia; perdón, piedad y misericordia. Vence mi rebeldía, doblega y endereza hacia Ti mi voluntad; haz que en Ti me refugie, de Ti me fortalezca y en Ti me abandone con toda mi alma, con toda mi mente y con todo mi corazón.
(Repetir hasta que comience el Evangelio)

— Lectura de Evangelio:
Prestar máxima atención, pues no en balde es la Palabra de Dios; además de una magnífica oportunidad de conocer la Biblia, máxime si asistimos a Misa diariamente.

Si hubiera homilía y la misma, por carencias humanas del sacerdote, no nos atrajera, concentrar nuestra atención en meditar sobre alguna de las frases de la Epístola o del Evangelio que hemos escuchado.

— Lectura de las preces:
En la actualidad la mayoría de las veces las preces que se leen en la Misa por su forma Ordinaria –en la Tradicional no hay– suelen adolecer de grandes defectos, por eso, y porque no hay obligación de sumarse a ellas, sustituirlas rezando para uno mismo las siguientes que son resumen de las rezadas en la preparación de la Misa:

–Dios Padre Todopoderoso te ruego:
– La conversión de los pecadores y descreídos.
– La conversión de España.
– La conversión de… (nombrar a alguno de los familiares más allegados).
– La conversión de este pecador (en referencia a uno mismo).
– Que concedas tu paz y felicidad, únicas absolutas, eternas y verdaderas a tus hijos… (nombrar a los dos o tres familiares difuntos más allegados) y demás difuntos que sean de Tu agrado y de mi mayor obligación e intenciones que bien conoces.
– Cualquier otra puntual que se considere.

— El Credo :(si lo hubiera rezar siempre el nicenoconstantinopolitano) (Ver texto en “Resto de oraciones”)

— Durante el Ofertorio:
Es decir, mientras el sacerdote prepara la Sagrada Forma y el Cáliz para su consagración, rezamos para nosotros mismos:

– Acoge, oh Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno esta Inmaculada Hostia que yo, el más indigno de tus siervos, la más ingrata de tus criaturas, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, por los de los aquí presentes, los de los que no han podido o no han querido venir, y los de todos los fieles vivos y difuntos, por nuestra salvación en la vida eterna.
– Asimismo te ofrezco este cáliz de salvación, rogando suba y llegue en suave olor y fragancia a tu divina presencia, por mi salvación y la del mundo entero.

— El Sanctus:
– Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus, Sabaoth. Pleni sunt coeli et terra gloria tua. Hossanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hossanna in excelsis.
(Al terminar nos ponemos de rodillas y permanecemos así hasta el rezo del Pater Noster)

— Consagración del pan:
Rezar para uno mismo lo que sigue, al tiempo que el sacerdote consagra el pan diciendo estas mismas palabras en lengua vernácula:
(Con fuerte inclinación de cabeza)

“HOC EST ENIM CORPUS MEUM”

Cuando el sacerdote alce la Sagrada Forma, levantar la cabeza mirando y adorando a Nuestro Señor, ya presente, verdadero y real, sustancial, en ella, y decir para uno mismo:

– Señor mío y Dios mío; Señor mío y Dios mío, ten piedad y misericordia de mi.
(Tantas veces cuantas se pueda mientras dure el alzamiento)

Volver a inclinar la cabeza cuando el sacerdote baje la Sagrada Forma.

— Consagración del vino:

Rezar para uno mismo lo que sigue, al tiempo que el sacerdote consagra el vino diciendo esas mismas palabras en lengua vernácula:
(Con fuerte inclinación de cabeza)

“HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET ÆTÉRNI TESTAMÉNTI. MYSTÉRIUM FÍDEI.
QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDÉTUR IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM”

Cuando el sacerdote alce el Cáliz, levantar la cabeza mirando y adorando a Nuestro Señor, ya presente, verdadero y real, sustancial, en él, y decir para uno mismo:

– Señor mío y Dios mío; Señor mío y Dios mío, ten piedad y misericordia de mi.
(Tantas veces cuantas se pueda mientras dure el alzamiento)

Volver a inclinar la cabeza cuando el sacerdote baje el Cáliz.

Tras lo anterior, y hasta el Pater Noster, permanecer en profundo recogimiento y adoración, y rezar para uno mismo:

– Señor mío Jesucristo:
– Yo creo, adoro, espero y Te amo.
– Anima Christi, sanctifica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
O bone Jesu, exaudi me.
Intra tua vulnera absconde me.
Ne permittas me separari a te.
Ab hoste maligno defende me.
In hora mortis meae voca me.
Et iube me venire ad te.
Ut cum Sanctis tuis laudem te.
In saecula saeculorum. Amén

— El Pater Noster:
– PATER NOSTER, qui es in cælis. Sanctificétur nomen tuum. Advéniat regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in coelo, et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem. Sed líbera nos a malo.

— La paz:
En el momento de dar la paz, rezar para uno mismo:
– Pax Christi, in regnum Christi.

— Acto de contrición penúltimo:
– Agnus Dei, (Golpearse el pecho con la mano)
qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
– Agnus Dei, (Golpearse el pecho con la mano)
qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
– Agnus Dei, (Golpearse el pecho con la mano)
qui tollis peccáta mundi: dona nobis pacem.
(Al terminar, de rodillas)

— Acto de contrición final cuando el sacerdote muestre la Sagrada Forma y el Cáliz:

– Dómine, (Golpearse el pecho con la mano)
non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea.
– Dómine, (Golpearse el pecho con la mano)
non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea.
– Dómine, (Golpearse el pecho con la mano)
non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea.
(Al terminar el último, de pié)

— Comunión:
(Comulgar siempre de rodillas y en la boca)

Al dirigirnos a comulgar, hacerlo sin distraernos, recogidos y concentrados en la suma importancia del acto que vamos a realizar que es comer la Carne y beber la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, verdadero y real, sustancial, repitiendo para nosotros mismos mientras nos acercamos:

– Ven Señor Jesús, concédeme de nuevo este don, siempre inmerecido, de comer Tu Carne y beber Tu Sangre, verdadera, real y sustancial. Ten piedad y misericordia de mí. Sin Ti nada se puede, pero contigo todo se alcanza.

De regreso en nuestro lugar nos ponemos de rodillas y rezamos con la máxima devoción, cerrando los ojos para mejor concentrarnos:

– Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero; Señor mío Jesucristo: Creador, Padre y Redentor mío; Señor mío Jesucristo: Amor, Bondad, Misericordia, Paciencia, Entrega, Generosidad infinitas; Señor mío Jesucristo: Luz, Camino, Verdad, Resurrección y Vida; Señor mío Jesucristo: pan verdadero de vida eterna y manantial inagotable de infinitas gracias y dones; Señor mío Jesucristo: divino y único Maestro. Buen Pastor que por Tu infinita bondad y misericordia moras ahora en mí, verdadero y real, sustancial: ante Ti me postro; a Ti, Señor, te adoro; te doy gracias por tantísimos dones, y te pido perdón por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias.

Perdón, piedad y misericordia; vence Señor mi rebeldía, doblega y endereza mi voluntad hacia Ti, haz que en Ti me refugie, de Ti me fortalezca y en Ti me abandone con toda el alma, con toda la mente y con todo el corazón.

Tú eres, Señor, Cristo Rey: de la gloria, del universo y del mundo; reina en mi alma, reina en mi mente, reina en mi corazón; concédeme, Señor, la conversión, tu sublime tesoro.

Y si es tu voluntad concédeme las intenciones declaradas en este Sacrificio Santo que lo ha sido por Ti y que bien conoces; y concédelas también por la intercesión maravillosa de Nuestra Madre, la Santísima Siempre Virgen María, plena de Gracia, Co-redentora nuestra, a cuyo Inmaculado Corazón todo concedes y nada niegas, y por los ruegos de nuestro santo Patriarca San José.
(Si no diera tiempo, caso de seguir la Misa, rezar lo que falte después, tras su fin)

* Terminada la Misa:
(Permanecer en la iglesia de rodillas para las oraciones finales)

— Acto de desagravio (pinche aquí):
(Devoción Acto de desagravio)

– Dios Padre Todopoderoso, yo creo, adoro, espero y os amo, y aun no siendo yo digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.
– Dios Hijo Redentor del mundo, yo creo, adoro, espero y os amo, y aun no siendo yo digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.
– Dios Espíritu Santo, ven, llena este alma, esta mente y este corazón, infunde en ellos el fuego de Tu amor, renuévalos, límpialos, conviértelos. Yo creo, adoro, espero y os amo, y aun no siendo yo digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.
– Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y aun no siendo yo digno os ofrezco el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en éste (por el que tenemos delante) y en todos los sagrarios del mundo, y en mi ahora durante unos instantes, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido, y por Su Sacratísimo Corazón y el Inmaculado Corazón de María, os ruego la conversión de los pobres pecadores y descreídos, entre ellos la mía propia, el más necesitado de todos.

— Oración por los que van a morir:
– Señor mío Jesucristo, Misericordia infinita, os ruego encarecidamente por los infinitos sufrimientos de Vuestro Sacratísimo Corazón y los inmensos del Inmaculado Corazón de María, que tengas piedad de los pecadores y descreídos que tienen hoy que morir, pues es Señor Tu Misericordia su única posibilidad de salvación y Tú no quieres que se pierda ninguno. Señor mío Jesucristo ten piedad de los pecadores y descreídos que tienen hoy que morir.

— Oraciones a la Santísima Virgen:
– Acordaos, oh piadosísima Siempre Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro haya sido desamparado de Vos. Yo pecador, Madre mía, bien lo sabéis, animado con tal seguridad, acudo a Vos, refugio de pecadores y auxilio de cristianos, y os ruego encarecidamente que intercedáis y que roguéis constantemente por mí y por todos a Dios Nuestro Señor, para que por su infinita misericordia y vuestra eficacísima intercesión, podamos alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

– Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

— Oración para pedir la protección del Arcángel San Miguel contra el Demonio:
– San Miguel Arcángel, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del Demonio, reprímale Dios pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al Infierno con el divino poder a Satanás y demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para perdición eterna de las almas.
– Sacratísimo Corazón de Jesús,
ten misericordia de nosotros.
– Sacratísimo Corazón de Jesús,
ten misericordia de nosotros.
– Sacratísimo Corazón de Jesús,
ten misericordia de nosotros.

— Oración para pedir la protección de nuestro Ángel de la Guarda:
– Santo ángel de la guarda, dulce compañía, te doy gracias y te pido que me protejas en éste y en todos mis días.

— Oración para pedir la protección del Santo Patriarca San José y de nuestros santos de mayor devoción:
– Santo Patriarca San José, ruega por mí y por mis intenciones.
– San… (santo al que debemos tener especial devoción por conocerse que superó el pecado o defecto del que nosotros más adolecemos), ruega por mí y por mis intenciones.
– San… (santo de nuestro propio nombre al que debemos especial devoción), ruega por mí y por mis intenciones.
– San… (santo del día nombrado por el sacerdote al iniciar la Misa, si lo hubiera), ruega por mí y por mis intenciones.

— Oración para pedir la guarda de la pureza y castidad debidas:
– Señor mío Jesucristo, misericordia infinita; Santa María, refugio de pecadores y auxilio de cristianos; Santo Patriarca San José, adalid de la castidad y terror de los demonios. Ayudadme a guardar la pureza y castidad debidas.
— Oración para invocar al Sagrado Corazón de Jesús:
– Sagrado Corazón de Jesús, a Vos acudo, en Vos confío, me refugio, me amparo y me abandono con toda el alma, con toda la mente y con todo el corazón; ven, oh Dios en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme.

¡Laus Deo!

LA CONFESIÓN

Consideraciones generales.-

La Confesión es también un sacramento, por lo que como en el caso de la Santa Misa, en tal naturaleza radica su esencial importancia.

La Confesión es la oración de la liberación de la esclavitud que suponen nuestros pecados; de la sanación de la enfermedad del alma que conlleva pecar.

La Confesión es complemento esencial de la Santa Misa, pues mediante la confesión podremos asistir a ella con plenitud, limpios de pecado y, por lo tanto, recibir el gran don de la Comunión.

Mediante la Confesión se nos devuelve la Gracia que perdimos cuando pecamos, poniéndonos otra vez en el buen camino. Si por el pecado nos apartamos radicalmente de Dios, la única forma de volver a Él es mediante la confesión.

Como ocurre con la Santa Misa, la confesión regular, sea de nuestros pecados actuales, sea, caso de considerar que no tenemos ninguno, de aquellos ya confesados u olvidados anteriormente, nos aporta gracias especiales; principalmente el alejamiento de las tentaciones o, caso de tenerlas, mayor facilidad para vencerlas.

-o-

Periodicidad.-
— Habitualmente:
Cuando menos una vez al mes; siendo mejor una vez cada quince días.
Además una confesión especial general una vez al año por Cuaresma.

— Extraordinariamente:
Caso de tener la desgracia de cometer un pecado mortal –recordar que en tal estado no podemos comulgar–, debemos proceder urgentemente como sigue:

– Buscar en seguida un lugar apartado donde podamos recogernos –si es una iglesia mejor–; rezar con contrición el Señor mío Jesucristo; pedir al Espíritu Santo que nos conceda arrepentimiento y dolor de dicho pecado, así como firme propósito de enmienda y de confesarnos de inmediato; pedir la intercesión de Nuestra Madre, la Santísima Siempre Virgen María, así como la oración de San Miguel Arcángel, de nuestro Ángel de la Guarda, del Santo Patriarca San José, del santo de nuestra especial devoción y del santo de nuestro nombre. Si hay posibilidad rezar un Rosario.

– Buscar un confesor en el acto o dentro de ese mismo día; a ser posible no irnos a dormir en pecado mortal.

– Si no fuera posible, buscar uno para confesarnos al día siguiente, incluso haciendo un hueco en nuestras obligaciones; incluso si tenemos que desplazarnos a distancia para ello.

– Rematar la confesión asistiendo a la Santa Misa y comulgando para así recuperar plenamente la Gracia de Dios y restablecer nuestra amistad con Él.

– Nada más importante que evitar permanecer en pecado mortal, pues en tal estado estamos en constante peligro no sólo de condenarnos, caso de morir, sino también de seguir cayendo en más pecados mortales.

– Caso de sufrir la desgracia de caer en algún mal hábito –o incluso vicio– que nos lleve a pecar mortalmente una y otra vez, nunca desesperar. Tantas veces se caiga, tantas veces debemos proceder como se ha dicho, con constancia y perseverancia plenas, sin caer nunca, nunca, nunca en el desánimo o el desaliento, seguros de que Nuestro Señor nos va a perdonar siempre y de que con tal práctica y con las demás oraciones de esta guía poco a poco venceremos, por la Gracia de Dios, tal problema y, finalmente, llegará un día en que la tentación de caer en tal hábito disminuirá y será fácilmente vencida.

– Lo contrario, es decir, la desesperación, el darnos por vencidos, es la tentación de las tentaciones, es la mayor de las trampas, el más sutil y eficaz engaño que nos pone el Demonio para apartarnos de la Confesión, de la Santa Misa, del Rosario y de la oración, y así perdernos definitivamente.

No olvidar confesarnos siempre antes de viajar, de someternos a una intervención quirúrgica, de realizar alguna actividad con riesgo físico, cuando veamos que decae nuestro ánimo o sintamos desfallecer nuestras fuerzas espirituales.

Qué debemos confesar.-

Ante todo debemos confesar los pecados mortales; pero también los veniales. Muy importante es tener en cuenta:

–Que si con nuestros pecados causamos daño al alguien de cualquier forma –sea física o espiritualmente– hay obligación de repararlo en lo posible.
–Que quien coopera directa o indirectamente con el mal, siendo consciente de ello, también peca y debe reparar.
–Que no sólo basta con no hacer el mal, hay que hacer el bien.
–Que cuando pecamos, herimos a la Iglesia, pues somos miembros de ella, Cuerpo Místico de Jesucristo.

Preparación para la Confesión.-

— Señor mío Jesucristo….

— Dios mío, Espíritu Santo, ven, llena esta alma, esta mente y este corazón, infunde en ellos el fuego de tu amor, renuévalos, límpialos, conviértelos, y ayúdame a realizar una buena y provechosa confesión.
— Santa María, Madre de Dios y Madre mía, plena de Gracia, Co-redentora nuestra, intercede por mí para que realice una buena confesión, pues a tu Inmaculado Corazón, todo se concede, nada se niega.

— San Miguel Arcángel, Santo Ángel de la Guarda, Santo Patriarca San José, San… (santo al que debemos tener especial devoción por conocerse que superó el pecado o defecto del que nosotros más adolecemos) y San… (santo de nuestro nombre al que debemos especial devoción), rogad por mí para que realice una buena confesión.

Examen de conciencia.-
(Sobre los diez mandamientos y los cinco de la Iglesia)

1º.- Amarás a Dios sobre todas las cosas.
¿Creo todo lo que me enseña la Iglesia? ¿Procuro mejorar mi formación espiritual y religiosa? ¿Evito publicaciones, asistencia a películas, espectáculos o programas de televisión y radio que vayan contra la fe y la moral? ¿Rezo frecuentemente?¿Me desespero? Ante la cruz de cada día ¿rezo para llevarla con Jesús? ¿Pongo diligencia en las cosas que atañen a Dios o me dejo vencer por la desgana y la pereza? ¿Procuro hacer todo por amor a Dios y por Su Gloria o sólo por interés y para complacencia de los hombres?¿He recibido indignamente algún sacramento o sostengo supersticiones?

2º.- No tomarás el nombre de Dios en vano.
¿He blasfemado? ¿He jurado con mentira? ¿He jurado con verdad, pero sin necesidad vital? ¿He dejado de cumplir alguna promesa?

3º.- Santificarás las fiestas.
¿He faltado a Misa sin causa de fuerza mayor o realmente grave en Domingo o fiestas de precepto?¿He respetado en lo posible el descanso dominical?

4º.- Honrarás a tu padre y a tu madre.
¿Amo, respeto y procuro agradar a mis padres vivos o a su memoria si están muertos y, en este caso, rezo por ellos –y visito sus tumbas una vez al año– y por los demás familiares, amigos y otros difuntos? ¿Cumplo con esmero mis deberes profesionales? ¿Ayudo en lo posible a mi consorte, familiares, amigos y cuántos acuden a mí justificadamente? ¿Cuido especialmente de palabra y obra la educación y formación católica de mis hijos?¿Doy buen ejemplo y testimonio como católico a los que me rodean?¿He apoyado de palabra u obra –o con mi voto– actos u organizaciones de cualquier tipo que contengan el menor resquicio de inmoralidad o no respeten o incluso se opongan a la doctrina católica o a la Iglesia? ¿Amo a mi patria?

5º.- No matarás.
¿He matado a alguien?¿He deseado a alguien la muerte o un mal físico o moral grave?¿He colaborado, siquiera de lejos o levemente, en abortos o eutanasias –cualquiera que sea el motivo o supuesto– o con organizaciones que de forma aun circunstancial acepten, justifiquen, promuevan o no rechacen la existencia de tales crímenes? ¿Me dejo llevar por la soberbia, ira, envidia, orgullo o el mal humor? ¿Alimento enemistad, rencor o deseos de venganza contra alguien? ¿He molestado, insultado, cizañado o despreciado a alguien?¿Pido perdón y perdono cuando se me pide a mí? ¿Cometo excesos en la comida o bebida? ¿Me drogo? ¿He puesto mi integridad física o mi vida, o las de otros, en peligro sin causa grave justificada? ¿Conduzco con prudencia y esmero? ¿He escandalizado a otros con mi conducta, palabras u obras, forma de vestir, actitudes, etc.?¿He sucumbido al respeto humano y no he dado testimonio valiente y decidido de mi fe?¿Practico la caridad con palabras y obras?

6º.- No cometerás actos impuros y 9º.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
¿Guardo la pureza y castidad debidas a mi estado? ¿He cometido actos impuros solo o acompañado? ¿He consentido pensamientos, deseos o miradas impuras o lecturas o conversaciones deshonestas? ¿Estoy casado por la Iglesia o convivo con otra persona sin estar debidamente casado? ¿Estoy separado/divorciado y convivo con otra persona? ¿Hago uso del matrimonio de acuerdo a la Ley de Dios y la moral enseñada por la Iglesia? ¿Evito toda clase de espectáculos, reuniones, programas de cine, televisión o radio que puedan poner en peligro la pureza y castidad debidas a mi estado? ¿Voto, apoyo o colaboro aunque sea ligeramente con organizaciones de cualquier tipo que aceptan, consienten o impulsan comportamientos morales contrarios a la Ley de Dios o a las enseñanzas de la Iglesia? ¿Tengo una gran devoción por Nuestra Madre la Santísima Siempre Virgen María y por el Santo Patriarca San José, ambos modelos extraordinarios de pureza y castidad? ¿Acudo a ellos de inmediato y decididamente ante la menor tentación contra la pureza y castidad debidas a mi estado?

7º.- No robarás y 10º.- No codiciarás los bienes ajenos.
¿He robado o dañado alguna propiedad de alguien?¿Lo he restituido?¿Presto lo que me piden y puedo, y devuelvo en seguida y en el mismo estado lo que me prestan?¿Soy egoísta, avaro, codicioso o malgastador? ¿Ayudo a la Iglesia económicamente sea a su conjunto o sea a alguna institución o sacerdote o religioso en particular? ¿Obro con justicia en mis relaciones laborales, contractuales y comerciales de cualquier tipo?¿Santifico mi trabajo ofreciéndolo y realizándolo por amor a Dios y por Su mayor Gloria?

8º.- No dirás falso testimonio ni mentirás.
¿He mentido y mi mentira ha perjudicado a otros grave o levemente? ¿He calumniado o murmurado contra otros? ¿Soy cínico, hipócrita, demagogo, etc.? ¿He faltado a la lealtad debida o a la palabra o promesas hechas? ¿Amo y practico la verdad? ¿Soy siempre sincero?

Realización de la Confesión.-

–Ave María Purísima
(Sin pecado concebida; contestará el sacerdote)

–Padre, me confesé la última vez hace…, y desde entonces me confieso y arrepiento de los siguientes pecados mortales… y de los siguientes veniales… (al decir los pecados debemos ser breves, concretos, concisos y completos, manifestando cuántas veces cometimos cada uno de ellos; sin temor, ni vergüenza, seguros de que el sacerdote nos comprenderá –y caso necesario nos ayudará– y de que seremos perdonados). Así como de todos los pecados confesados anteriormente u olvidados, especialmente de los que fueron contra (nombrar de forma general aquellos en los que más habitualmente solemos o solíamos caer)…”

Si durante el examen de conciencia no hubiéramos detectado haber cometido ni pecados mortales ni veniales, no por ello debemos dejar de confesarnos; ni creernos completamente limpios. En tal caso nos confesaremos sólo de:

“…todos los pecados confesados anteriormente u olvidados, especialmente de los que fueron contra (nombrar de forma general aquellos en los que más habitualmente solemos o solíamos caer)…”

Siempre escuchar con suma atención los consejos del sacerdote, la penitencia que nos imponga y la absolución. Al terminar decir:

– “Gracias padre”

Rezo de la penitencia.-

Rezarla de inmediato. Tras ella dar las gracias a Dios, a la Santísima Virgen, al Arcángel San Miguel, a nuestro Ángel de la Guarda, al Santo Patriarca San José, a nuestro Santo de mayor devoción y al Santo de nuestro nombre por su ayuda para la confesión.

¡Laus Deo!

 

EL SANTO ROSARIO

Consideraciones generales.-

El Santo Rosario es la oración por excelencia a Nuestra Señora, la Santísima Siempre Virgen María, la cual, en sus distintas apariciones a través de los siglos, la ha recomendado siempre como pieza clave y fundamental para la conversión.

El rezo diario del Santo Rosario –individualmente, pero muchísimo mejor aun en familia– es la prueba más palpable de nuestra devoción por Nuestra Señora y vía más eficaz, segura y directa de llegar al Corazón de Nuestro Señor.
Si nadie va al Padre sino es por Jesús, el camino para llegar a Jesús es, sin ninguna duda, a través de María, y el rezo del Santo Rosario es la vía directa a Ella.

El primer milagro que hizo Jesús, convertir el agua en vino en las bodas de Cana, lo hizo por indicación de María. María es la puerta del Cielo, la salud de alma y del cuerpo, el refugio de los pecadores, el consuelo de los afligidos, el auxilio de los cristianos. A su Inmaculado Corazón todo se le concede, nada se le niega. No se sabe, ni se ha oído, en toda la historia de la Humanidad de ninguno que, habiendo sostenido una constante y firme devoción a Nuestra Madre, se haya condenado.
-o-

Periodicidad.-
Diaria. Caso de sernos imposible rezarlo completo, no dejar de rezar, al menos, un Misterio, y/o compensar a Nuestra Señora recuperando al día siguiente o pocos días después el Rosario no rezado
Forma:
Mental (Vocal si se reza en grupo).
Duración.-
El Rosario normal dura unos veinte minutos. Según las peticiones y ofrecimientos que añadamos puede llegar a los cuarenta y cinco minutos; de ellos no debe pasar para que no suponga un excesivo esfuerzo que además comportaría pérdida de concentración.
Lugar.-
Preferiblemente en la iglesia ante el Sagrario y de rodillas. Pero para rezar el Rosario todo lugar es bueno (en casa, paseando, en cualquier medio de transporte, etc.).
Tipos de rosarios.-
Hay dos: normales de cuentas o circulares de dedo; caso de no disponer de ninguno de ellos bastan los dedos de la mano para poder rezarlo.

Estructura del Santo Rosario.-

* Introducción:
–Persignación; Señor mío Jesucristo; dos jaculatorias iniciales; un Pater Noster; tres Ave María y un Gloria.

* Misterios:
–Cinco misterios compuestos cada uno por un Pater Noster, diez Ave María, un Gloria y dos jaculatorias finales.

* Intenciones:
–Una, obligatoria, por el Papa. Además las que se quieran añadir. Por cada una o por cada grupo de ellas un Pater Noster, un Ave María y un Gloria.

* Letanías.

Rezo del Rosario.-

* Introducción:
— (Persignación) Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
–Señor mío Jesucristo…
— (Jaculatorias iniciales): Abre Señor mis labios, mi alma, mi mente y mi corazón, y haz que mi boca y mis obras canten tus alabanzas y den testimonio de Ti.
Ven, oh Dios en mi ayuda. Apresúrate Señor a socorrerme.
–Pater Noster…
–Dame Señor fe. Ave María…
–Dame Señor esperanza. Ave María…
–Dame Señor caridad. Ave María…
–Gloria Patri…

* Los Misterios:

Mediante ellos rememoramos los principales momentos de la vida terrenal de Nuestro Señor y de Nuestra Señora; varían según el día de la semana.

Lunes.- Llamados GOZOSOS:
1º La Anunciación y Encarnación de Nuestra Señora.
2º La visita de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel.
3º El nacimiento de Nuestro Señor.
4º La purificación de Nuestra Señora y la presentación del Niño en el Templo.
5º El Niño perdido y hallado en el Templo.

Martes.- Llamados DOLOROSOS:
1º La oración de Nuestro Señor en el huerto de los olivos.
2º La flagelación.
3º La coronación de espinas.
4º Jesús con la cruz a cuestas.
5º La crucifixión y muerte de Nuestro Señor.

Miércoles.- Llamados GLORIOSOS:
1º La Resurrección de Nuestro Señor.
2º La gloriosa ascensión al cielo de Nuestro Señor.
3º La venida del Espíritu Santo.
4º La gloriosa asunción al cielo de Nuestra Señora.
5º La gloriosa coronación de Nuestra Señora como Reina del cielo.

Jueves.- Misterios GOZOSOS.
Viernes.- Misterios DOLOROSOS.
Sábado.- Misterios GOZOSOS.
Domingo.- Misterios GLORIOSOS.

* Ejemplo del rezo de un Misterio:
(Recuérdese que son cinco misterios por cada Rosario)
–Primer Misterio… (Se cita el que corresponda)
–-Pater Noster…
–Ave María… (Son diez)
–Gloria Patri…

(Jaculatorias finales al acabar cada misterio)
–María, Madre de Dios, de gracia, piedad, misericordia y madre nuestra, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

-Oh buen Jesús, perdona todas nuestras culpas, líbranos de las penas del Infierno, salva todas las almas especialmente las que como la mía más precisan de vuestra infinita misericordia, y por ésta concede tu paz y tu felicidad, únicas absolutas, eternas y verdaderas a tus hijos (nombrar dos o tres de nuestros difuntos más allegados) y demás difuntos que sean de Tu agrado y de mi mayor obligación e intención que bien conoces.

* Intenciones:

–Por el Santo Padre (Obligatoria para ganar las indulgencias y beneficios derivados del rezo del Santo Rosario).- Pater Noster…, Ave María… Gloria Patri…

–Otras intenciones –o grupos de ellas–, seguidas de Pater Noster…, Ave María… y Gloria Patri…; cuando menos: por la conversión de pecadores y descreídos; familiares, amigos; por los difuntos; por España.

* Letanías:

Kyrie, eléison. Kyrie, eléison
Christe, eléison. Christe, eléison
Kyrie, eléison. Kyrie, eléison
Christe, áudi nos. Christe, áudi nos
Christe, exáudi nos. Christe, exáudi nos
Pater de caelis, Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus,miserére nobis.
Spiritus Sancte, Deus, miserére nobis
Sancta Trinitas, unus Deus, miserére nobis
Sancta María. Ora pro nobis
Sancta Dei Génetrix. Ora pro nobis
Sancta Virgo Vírginum. Ora pro nobis
Mater Christi. Ora pro nobis
Mater Ecclesiae. Ora pro nobis
Mater divínae grátiae. Ora pro nobis
Mater puríssima. Ora pro nobis
Mater castíssima. Ora pro nobis
Mater invioláta. Ora pro nobis
Mater intemeráta. Ora pro nobis
Mater inmaculáta. Ora pro nobis
Mater amábilis. Ora pro nobis
Mater admirábilis. Ora pro nobis
Mater boni consílii. Ora pro nobis
Mater Creatóris. Ora pro nobis
Mater Salvatóris. Ora pro nobis
Virgo prudentíssima. Ora pro nobis
Virgo veneránda. Ora pro nobis
Virgo praedicánda Ora pro nobis
Virgo pótens. Ora pro nobis
Virgo clémens. Ora pro nobis
Virgo fidélis. Ora pro nobis
Spéculum iustítiae. Ora pro nobis
Sedes sapiéntiae. Ora pro nobis
Causa nostrae laetítiae. Ora pro nobis
Vas spirituále. Ora pro nobis
Vas honorábile. Ora pro nobis
Vas insígne devotiónis. Ora pro nobis
Rosa mystica. Ora pro nobis
Turris Davídica. Ora pro nobis
Turris ebúrnea. Ora pro nobis
Domus áurea. Ora pro nobis
Fóederis arca. Ora pro nobis
Iúnua Coeli. Ora pro nobis
Stella matutína. Ora pro nobis
Salus infirmórum. Ora pro nobis
Refúgium peccatórum. Ora pro nobis
Consolátrix afflictórum. Ora pro nobis
Auxílium Christianórum. Ora pro nobis
Regína Angelórum. Ora pro nobis
Regína Patriarchárum. Ora pro nobis
Regína Prophetárum. Ora pro nobis
Regína Apostolórum. Ora pro nobis
Regína Mártyrum. Ora pro nobis
Regína Confessórum. Ora pro nobis
Regína Vírginum. Ora pro nobis
Regina Sanctórum ómnium. Ora pro nobis
Regina sine labe origináli concépta. Ora pro nobis
Regina in caelum assúmpta. Ora pro nobis
Regina Sacratissimi Rosárii. Ora pro nobis
Regina familiae. Ora pro nobis
Regina pacis. Ora pro nobis
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Exáudi nos, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Miserére nobis.
Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi

–En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¡Laus Deo!

 

RESTO DE ORACIONES

* AL LEVANTARNOS POR LA MAÑANA

Periodicidad.- Diaria
Forma.- Mental
Duración.- Diez minutos
Lugar.- Donde hayamos dormido

-o-

— Credo in unum Deum,
Patrem omnipotentem
factorem Cæli et terræ
visibilium omnium et invisibilium.
Et in unum Dominum Iesum Christum,
Filium Dei unigenitum.
Et ex Patre natum ante omnia sæcula.
Deum de Deo, lumen de lumine,
Deum verum de Deo vero,
genitum, non factum, consubstantialem Patri:
per quem omnia facta sunt.
Qui propter nos homines et propter nostram salutem
descendit de cælis.
Et incarnatus est de Spiritu Sancto
ex Maria Virgine, et homo factus est.
Crucifixus etiam pro nobis, sub Pontio Pilato
passus et sepultus est.
Et resurrexit tertia die, secundum scripturas.
Et ascendit in cælum, sedet ad dexteram Patris.
Et iterum venturus est cum gloria
iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis.
Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem,
qui ex Patre Filioque procedit,
qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur,
qui locutus est per Prophetas.
Et Unam, Sanctam, Catholicam et Apostolicam Ecclesiam.
Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum.
Et especto resurrectionem mortuorum
et vitam venturi sæculi. Amen

— El Señor es mi Pastor,
nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar,
me conduce hasta las aguas tranquilas
y conforta mi alma.
Me guía por senderos de Justicia,
por amor a su nombre.
Aunque camine por cañada oscuras
nada me falta,
porque Tú estás siempre conmigo;
tu voz y tu cayado me sostienen.
Me preparas una mesa ante mis enemigos,
ungirás mi cabeza con perfumes,
llenarás mi copa a rebosar.
Tu Amor y tu Misericordia
me acompaña todos los días de mi vida.
Habitaré en tu casa, Señor,
por toda la eternidad,
si así me lo concedes.

— Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendito sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

— Señor mío Jesucristo, misericordia infinita; Santa María, refugio de pecadores, auxilio de cristianos; Santo Patriarca San José, adalid de la castidad y terror de los demonios. Ayudadme a guardar la pureza y castidad debidas.
— Sagrado Corazón de Jesús, a Vos acudo, en Vos confío, me refugio y amparo en Vos me abandono. Ven oh Dios en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme.

Nota importante.- Caso de no poder asistir a la Santa Misa al comenzar el día, rezar, además de las anteriores, las siguientes oraciones; que son las que hubiéramos rezado al terminar la Misa de haber comenzado el día asistiendo a ella:

(Devoción Acto de desagravio)
–– Dios Padre Todopoderoso: yo creo, adoro, espero y os amo, y, aunque yo no soy digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.
— Dios Hijo Redentor del mundo: yo creo, adoro, espero y os amo, y, aunque yo no soy digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.
— Dios Espíritu Santo: ven, llena este alma, esta mente y este corazón, infunde en ellos el fuego de Tu amor, renuévalos, límpialos, conviértelos. Yo creo, adoro, espero y os amo, y, aunque yo no soy digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.

— Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y aun no siendo yo digno os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido, y por Su Sacratísimo Corazón y el Inmaculado Corazón de María, os ruego la conversión de los pobres pecadores y descreídos, entre ellos la mía propia, el más necesitados de todos.

— Señor mío Jesucristo, misericordia infinita, os ruego encarecidamente por los infinitos sufrimientos de Vuestro Sacratísimo Corazón y los inmensos del Inmaculado Corazón de María, que tengas Señor piedad de los pecadores y descreídos que tienen hoy que morir, pues es tu misericordia su única posibilidad de salvación y Tú no quieres que se pierda ninguno. Señor mío Jesucristo, ten piedad de los pecadores y descreídos que tienen hoy que morir.

— Acordaos, oh piadosísima Siempre Virgen María que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado con tal seguridad, yo pecador, bien lo sabéis, acudo a Vos, refugio de pecadores y auxilio de cristianos, y os ruego encarecidamente que intercedáis y roguéis por mí y por todos a Dios Nuestro Señor, para que por su infinita misericordia y vuestra eficacísima intercesión, podamos alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

— San Miguel Arcángel, protégenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del Demonio, reprímale Dios pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al Infierno con el divino poder a Satanás y demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para perdición eterna de las almas.
-Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.
-Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.
-Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.

— Santo ángel de la guarda, dulce compañía, te doy gracias y te pido que me protejas en éste y en todos mis días.

— Santo Patriarca San José, ruega por mí.

— San… (santo al que debemos tener especial devoción por conocerse que superó el pecado o defecto del que nosotros más adolecemos), ruega por mí.
— San… (santo de nuestro nombre al que debemos especial devoción), ruega por mí.

 

* EL ÁNGELUS

Periodicidad.- Diaria; preferiblemente a las 12,00h, pero si se nos olvidara o no pudiéramos lo rezaremos en cualquier instante de la mañana o de la tarde.
Forma.- Mental (Vocal si lo rezamos con alguien).
Duración.- Dos minutos.
Lugar.- En cualquier sitio.

-o-

— El ángel del Señor anunció a María
y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Ave María…..
— He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según Su palabra.
Ave María…..
— Y el Verbo se hizo carne,
y habitó entre nosotros.
Ave María…..
— Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

— Una Salve por la conversión de pecadores y descreídos, entre ellos la mía propia, el más necesitado de todos, y la concesión a…. (nombrar los dos familiares difuntos más allegados) y demás difuntos de la paz y felicidad únicas absolutas, eternas y verdaderas.

— Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, Oh piadosa, Oh dulce Siempre Virgen María!
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Señor mío Jesucristo, Misericordia infinita. Santa María, refugio de pecadores y auxilio de cristianos. Santo Patriarca San José, adalid de la castidad y terror de los demonios. Ayudadme a guardar la pureza y castidad debidas.

— Sagrado Corazón de Jesús: a Vos acudo, en Vos confío, me refugio, amparo y en Vos me abandono; ven oh Dios en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme.

* AL ACOSTARNOS

Al acostarnos la siesta (si fuera el caso).-

Forma: Mental
Duración.- Dos minutos
Lugar.- En donde vayamos a dormir

— Señor mío Jesucristo…
— Pater Noster…

(Devoción de las Tres Ave María)
— María, madre de Dios y madre mía; líbrame de caer en pecado mortal.
— Por el Poder que te otorgó Dios Padre Todopoderoso: Ave María….
— Por la Sabiduría que te otorgó Dios Hijo Redentor del mundo: Ave María…
— Por la caridad que te otorgó Dios Espíritu Santo: Ave María…
— ¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!
— Gloria…

— Señor mío Jesucristo, Misericordia infinita. Santa María, refugio de pecadores y auxilio de cristianos. Santo Patriarca San José, adalid de la castidad y terror de los demonios. Ayudadme a guardar la pureza y castidad debidas.

— Sagrado Corazón de Jesús: a Vos acudo, en Vos confío, me refugio, amparo y en Vos me abandono; ven oh Dios en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme.

Al acostarnos por la noche.-

Forma: Mental
Duración.- Diez minutos
Lugar.- En donde vayamos a dormir

— Señor mío Jesucristo…
— Pater Noster…
(Devoción de las Tres Ave María)
— María, Madre mía; líbrame de caer en pecado mortal.
— Por el Poder que te otorgó Dios Padre Todopoderoso: Ave María….
— Por la Sabiduría que te otorgó Dios Hijo Redentor del mundo: Ave María…
— Por la caridad que te otorgó Dios Espíritu Santo: Ave María…
— ¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!
— Gloria Patri…

(Devoción de los Siete Dolores de María)
— Por los dolores anunciados por el anciano Simeón: Ave María…
— Por las incertidumbres de la huida a Egipto: Ave María…
— Por la angustia por la pérdida del Niño: Ave María…
— Por los sufrimientos al contemplar la Pasión de Nuestro Señor: Ave María…
— Por los sufrimientos al contemplar la agonía de Nuestro Señor en la cruz: Ave María…
— Por el inimaginable dolor al asistir a la muerte de Nuestro Señor en la cruz: Ave María…
— Por la incomparable desolación al dar sepultura a Nuestro Señor: Ave María…
— Gloria…

— María, Madre de Dios, de Piedad y de Misericordia, Madre nuestra, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oh buen Jesús, perdona todas nuestras culpas, líbranos de las penas del Infierno, salva todas las almas, especialmente las que como la mía más precisan de Tu infinita Misericordia, y por ésta, concede a tus hijos (nombrar a los dos difuntos más allegados) y demás difuntos que sean de Tu agrado y de mi mayor obligación e intenciones, Tu paz y Tu felicidad únicas absolutas, eternas y verdaderas.

— Señor mío Jesucristo, Misericordia infinita. Santa María, refugio de pecadores y auxilio de cristianos. Santo Patriarca San José, adalid de la castidad y terror de los demonios. Ayudadme a guardar la pureza y castidad debidas.

— Sagrado Corazón de Jesús: a Vos acudo, en Vos confío, me refugio, amparo y en Vos me abandono; ven oh Dios en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme.

 

* JACULATORIAS

Periodicidad.- Constante
Forma.- Mental
Duración.- Unos segundos
Lugar.- Cualquiera

Las jaculatorias son breves plegarias, rogativas o invocaciones de acción de gracias o de petición que debemos rezar mentalmente de inmediato y donde nos encontremos en los siguientes casos:

— Para dar gracias por cualquier beneficio, por nimio que sea, conseguido aun sin haberlo pedido expresamente, pues todo lo bueno que nos ocurre, grande o pequeño, procede de Dios; por ejemplo, al recibir una buena noticia, al coronar con éxito cualquier acción y miles de otras más que debemos obligarnos a buscar, reconocer y agradecer.
— Para dar gracias al reconocer alguna maravilla debida a Dios; por ejemplo, de la Naturaleza, al oír una buena composición musical y miles de otras más que debemos obligarnos a buscar, reconocer y agradecer.
— Nada más surgir en nosotros una necesidad o más aun una tentación por leve que sea; por ejemplo, un mal pensamiento, un golpe de mal genio y miles de otras más.

* Jaculatorias más comunes.-

–De acción de gracias:

– ¡¡Laus Deo!!

–Contra la tentación:

– Sagrado Corazón de Jesús: a Vos acudo, en Vos confío, me refugio, amparo y en Vos me abandono; ven oh Dios en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme.

– Ave María Purísima; sin pecado concebida.

– Señor mío Jesucristo, Misericordia infinita. Santa María, refugio de pecadores y auxilio de cristianos. Santo Patriarca San José adalid de la castidad y terror de los demonios. Ayudadme a guardar la pureza y castidad debidas.

–Ambas:

– ¡¡Quién como Dios!! (¡Quis ut Deus!)

– ¡¡Jesús, María y José!!

¡Laus Deo!

DEVOCIONES

No estaría completo nuestro plan de oración y devoción, si no contemplara la práctica de algunas devociones. Sin querer hacer de menos a ninguna de las muchas existentes, nos decantamos por seleccionar sólo las que consideramos realmente relevantes, bien por su propia naturaleza, bien por los seguros y comprobados beneficios que se han prometido a quienes las realizan.

Asimismo, como veremos, algunas podrán ser habituales –diarias o semanales–, mientras que otras serán esporádicas, incluso una sola vez en la vida. Tales devociones son las siguientes:

* Adoración al Santísimo.
* Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado
* Los nueve primeros Viernes de mes al Sagrado Corazón de Jesús.
* Los cinco primeros Sábados de mes a la Santísima Virgen María.
* Los siete dolores al Purísimo Corazón de María.
* El Vía Crucis.
* Actos de desagravio.
* Las tres Ave Marías.
* Encargar Misas.

–o–

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO

La adoración al Santísimo es una devoción de suma importancia porque su objeto es adorar directamente a Nuestro Señor Jesucristo delante del cual permanecemos mientras la realizamos. Es un inmenso privilegio poder estar delante mismo de Nuestro Señor. Mediante esta práctica cumplimos de forma expresa y muy especialmente el mandato de Dios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Mt. 22,37) y “Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo darás culto” (Mt 4, 10).

Se puede realizar o bien cuando Nuestro Señor queda expuesto en una Custodia –recuérdese que al entrar o salir de una iglesia con el Santísimo expuesto deberemos arrodillarnos poniendo las dos rodillas en el suelo y realizando una profunda inclinación de la cabeza y tronco hasta casi tocar el suelo– o bien cuando nos recogemos delante del Sagrario en cualquier iglesia.

Mediante la asidua adoración al Santísimo se nos fortalecerá la fe, se nos abrirá la conciencia y conseguiremos la paz de Dios.

Especial importancia tiene la práctica de la adoración al Santísimo durante la noche del Jueves al Viernes Santo por ser la noche en la que conmemoramos su oración en el Huerto de los Olivos, aquella noche en la que Nuestro Señor experimentó los mayores sufrimientos de toda su pasión, llegando a sudar sangre y a sentir una tristeza tan profunda que le llevó a exclamar “Mi alma está triste hasta la muerte”. Mientras podamos, no dejemos de velar a Nuestro Señor alguna hora, en esa noche tan especial, delante del Monumento que, a los efectos, se coloca en todas las iglesias.

La adoración al Santísimo conlleva múltiples formas, todas ellas igualmente válidas y provechosas –sea en solitario o en grupo–: mediante oraciones verbales y/o mentales, entablando un diálogo íntimo con Nuestro Señor o leyendo y meditando textos espirituales; lo normal, dependiendo del tiempo de adoración que decidamos, será una mezcla de todas las posibilidades citadas.

La adoración al Santísimo puede durar desde un minuto –cuando carecemos de tiempo y simplemente entramos en una iglesia para rezar algo y “saludar” a Nuestro Señor–, hasta la denominada “adoración nocturna” en la que grupos organizados adoran a Nuestro Señor durante toda una noche. Lo habitual será de una a tres horas.

Durante la adoración permaneceremos de rodillas o sentados.

La manera más accesible de practicar esta devoción es adorar al Santísimo antes de asistir a la Santa Misa; así, si asistimos diariamente a ella adoraremos también diariamente a Nuestro Señor; si no, al menos lo haremos semanalmente los Domingos, y puntualmente en las fiestas de precepto. Para ello deberemos acudir a la iglesia una media hora antes del comienzo de la Santa Misa de forma que podamos dedicar diez o quince minutos a adorar al Santísimo y otros tantos a prepararnos para la celebración de la Santa Misa tal y como se dijo en su momento.

Si no fuera así, no debemos dejar pasar la ocasión de ir a la iglesia a adorar al Santísimo al menos una vez a la semana; tampoco debemos pasar por delante de una iglesia abierta sin entrar en ella y adorar al Santísimo aunque sólo sea un minuto; no dudemos de que Él nos lo recompensará.

Fundamentalmente durante la adoración al Santísimo deberemos expresarle nuestro amor, agradecerle su misericordia y beneficios otorgados, pedirle perdón por todos nuestros pecados, reparar los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que es ofendido constantemente y solicitar de su bondad todo aquello que creamos precisar; sobre todo para nuestra salvación y progreso espiritual, pero también en lo material, bien que esto último siempre supeditado a Su voluntad.

Dentro de la pauta citada hasta aquí, cada uno debe ir, poco a poco, construyendo y perfeccionando la forma que mejor le conviene de adorar al Santísimo dependiendo, como siempre, de sus disponibilidades de tiempo y lugar.

-o-

QUINCE MINUTOS EN COMPAÑÍA DE JESÚS SACRAMENTADO

Presentamos a continuación una guía muy fácil y eficaz de adoración.

— Señor mío Jesucristo,…..
— Pater noster, Ave María y Gloria
— No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta con que me ames. Háblame, pues, aquí, sencillamente, como hablas a tus padres, hermanos o amigos.
¿Necesitas hacerme en favor de alguien alguna súplica? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, hermanos o amigos; dime qué quisieras que hiciese yo actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí propios para atender a las necesidades ajenas. Háblame, así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar; de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas volver al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera; pero palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón, y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón más especialmente ama?
¿Y para ti, no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una como lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes orgullo, amor a la sensualidad y al regalo, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente… y pídeme luego que venga en ayuda de tus esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de ti tales miserias.
No te avergüences ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos santos de primer orden que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad… y poco a poco se vieron libres de ellos.
Ni menos vaciles en pedirme bienes del cuerpo y del entendimiento; salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios… Todo eso puedo darte, y lo doy y deseo me lo pidas en cuanto no suponga, antes favorezca y ayude, a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de favorecerte!
¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿qué piensas? ¿qué deseas? ¿qué puedo hacer por tus hermanos, amigos, superiores, subordinados,…? ¿qué desearías para ellos?
Y por Mí, ¿no te sientes con deseos de mi Gloria?
¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos,
a tus amigos, a quienes amas tal vez mucho y que
viven olvidados de Mí?
Dime, ¿qué cosa llama hoy particularmente tu atención? ¿qué anhelas más vivamente? y ¿con qué medios cuentas para conseguirlo? Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras interesarme algo en tu favor?
Soy, hijo mío, dueño de los corazones y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, donde me place.
¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿quién lastimó tu amor propio? ¿quién te ha menospreciado? Acércate a mi corazón que tiene bálsamo eficaz para todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago… recibirás mi consoladora bendición.
¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser injustificadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy, aquí, a tu lado me tienes; todo lo oigo, ni un momento te desamparo.
¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado si no han de ser obstáculo a tu santificación.
¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuer de buen amigo tuyo que soy? Cuéntame lo que desde ayer, o desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas; quizá has visto disipados negros recelos, has recibido buenas noticias, una carta, una muestra de cariño; has vencido una dificultad, salido de un lance apurado… Obra mía es todo esto, y Yo te lo he proporcionado; ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente como un hijo a un padre: gracias, Padre mío, gracias? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.
¿Tampoco tienes promesa alguna que hacerme? Leo, ya lo sabes, el fondo de tu corazón: a los hombres se engaña fácilmente, pero a Mí, a Dios, no. Háblame, pues, con sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿de privarte de aquel objeto que te dañó? ¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿de no tratar más a aquella persona que turbó la paz de tu alma?
¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien por haberte faltado, miraste hasta hoy como enemigo?
Ahora bien, hijo mío, vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu trabajo, a tu familia, a tus amigos,… pero no olvides la grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad de la iglesia. Guarda en lo que puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, la Santísima Siempre Virgen María, que lo es tuya también, y vuelve otra vez a Mí con el corazón más amoroso todavía, más entregado a Mí servicio: en el Mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

-o-

Cuando asistamos a la adoración al Santísimo con exposición del mismo, hay dos himnos que se entonan, uno, cuando el sacerdote expone el Santísimo al inicio del acto de adoración, y, otro, cuando el sacerdote lo retira al final de dicho acto; tales himnos son los siguientes:

Al inicio.-
Pange lingua gloriósi
Córporis mystérium,
Sanguinísque pretiósi,
Quem in mundi prétium,
Fructus ventris generósi
Rex effúdit géntium
Nobis datus, nobis datus,
Ex intácta Vírgine,
Et in mundo conversátus,
Sparso verbi sémine,
Sui moras incolátus
Miro clausit órdine

Al final.-

Tantum ergo Sacraméntum
Venerémur cérnui:
Et antíquum documéntum
Novo cedar rítui:
Praeste fides supleméntum
Sénsuum deféctui.
Genitori, genitóque,
Laus et jubilátio
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque.
Compar sit laudátio. Amen.

(Sacerdote) Panem de coelo praestitísti ois.
(Fieles) Omne delectaméntum in se habéntem.

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LOS NUEVE PRIMEROS VIERNES DE MESAL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

Es una de las más importantes, extendidas y beneficiosas devociones.

Tiene su origen en una revelación de Nuestro Señor a Santa Margarita María de Alacoque (religiosa de la Orden de la Visitación del siglo XVII).

En 1675, durante la octava del Corpus Christi, Nuestro Señor se le manifestó con el corazón abierto, al cual señalaba con la mano, exclamando: “He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud.” El Corazón estaba rodeado de llamas, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y del interior emergía una cruz.

En aquel acto, Nuestro Señor, además de instituir esta devoción dijo: “Yo te prometo en el exceso de la misericordia de mi Corazón que Mí Amor Todopoderoso concederá a todos los que comulguen nueve primeros Viernes de mes seguidos que  –recordamos que para comulgar hay que estar en Gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal–:

— Daré a mis devotos las gracias necesarias a su estado.
— Pondré paz en sus familias.
— Los consolaré en sus aflicciones.
— Seré su amparo y refugio seguro durante la vida y particularmente en la hora de su muerte.
— Bendeciré abundantemente sus empresas.
— Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente inagotable de la misericordia.
— Las almas tibias se harán fervorosas.
— Las almas fervorosas se elevarán con gran rapidez a gran perfección.
— Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más endurecidos.
— Bendeciré las casas en las que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.
— Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.
— Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: no morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento”.

Para cumplir con esta devoción y alcanzar lo prometido, realizarla al menos una vez en la vida, si bien es conveniente repetirla cuantas veces se pueda; bien que también hay que perseverar en el amor a Nuestro Señor.

Las condiciones necesarias son:

1º.- Comulgar nueve primeros Viernes de mes seguidos y sin interrupción.

2º.- Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y alcanzar la gracia de la perseverancia final.

3º.- Comulgar con deseo y propósito de servir siempre al Señor.

De modo que no valen ocho primeros Viernes de mes, nueve primeros Domingos de mes, ni valen ocho primeros Viernes con un primer Domingo, etc. Además, las comuniones han de ser seguidas durante los primeros Viernes de nueve meses consecutivos, de tal suerte que una interrupción, por el motivo que fuera, incluso de fuerza mayor, inutilizaría la práctica de esta devoción y habría que comenzar de nuevo.

La devoción se articula de la siguiente forma:

Cada primer Viernes de mes se debe asistir a Misa y comulgar en ella. Terminada la Misa se rezará el siguientes bloque de oraciones:

* Señor mío Jesucristo,…
* Oración inicial (igual cada Viernes)
* Oración particular de ese Viernes (distinta cada Viernes)
* Oración al Eterno Padre (igual cada Viernes)
* Oración final (igual cada Viernes)
* Tres Pater Noster, tres Ave María y tres Gloria.

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* Oración inicial (igual cada Viernes).-

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Vos mismo y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestro Sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

* Oración al Eterno Padre (igual cada Viernes).-

¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad, y mi camino, llego a vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa Sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a vuestra Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a vuestros siervos (nombrar a quien se considere) y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con Vos eternamente. Amén.

* Oración final (igual cada Viernes).-

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los Ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón; yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

* Oraciones particulares para cada Viernes.-

–Primer Viernes.-
¡Oh Corazón Sacratísimo y dulcísimo de Jesús, que con ferventísimos deseos y ardentísimo amor deseáis corregir y desterrar la sequedad y tibieza de nuestros corazones! Inflamad y consumid las maldades e imperfecciones del mío, para que se abrase en vuestro amor; dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amantísimo Corazón! y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Segundo Viernes.-
¡Oh Corazón amabilísimo de Jesús, celestial puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios viene a nosotros! Dignaos estar patente a nuestros deseos y amorosos suspiros, para que, entrando por Vos a vuestro Eterno Padre, recibamos sus celestiales bendiciones y copiosas gracias para amaros. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Tercer Viernes.-
¡Oh Corazón santísimo de Jesús, camino para la mansión eterna y fuente de aguas vivas! Concededme que siga vuestras sendas rectísimas para la perfección y para el cielo, y que beba de Vos el agua dulce y saludable de la verdadera virtud y devoción que apaga la sed de todas las cosas temporales. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Cuarto Viernes.-
¡Oh Corazón purísimo de Jesús, espejo cristalino en quien resplandece toda la perfección! Concededme que yo pueda contemplaros perfectamente, para que aspire a formar mi corazón a vuestra semejanza en la oración, en la acción y en todos mis pensamientos, palabras y obras. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Quinto Viernes.-
¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús, órgano de la Trinidad venerada, por quien se perfeccionan todas nuestras obras! Yo os ofrezco las mías, aunque tan imperfectas, para que, supliendo Vos mi negligencia, puedan aparecer muy perfectas y agradables ante el divino acatamiento. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Sexto Viernes.-
¡Oh Corazón amplísimo de Jesús, templo sagrado donde me mandáis habite con toda mi alma, potencias y sentidos! Gracias os doy por la inexplicable quietud, sosiego y gozo que he hallado en este templo hermoso de la paz, donde descansaré gustoso eternamente. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Séptimo Viernes.-
¡Oh Corazón clementísimo de Jesús! Divino propiciatorio, por el cual ofreció el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones diciendo: “Pídeme por el Corazón de mi amantísimo Hijo Jesús; por este Corazón te oiré y alcanzarás cuanto me pidas”. Presento sobre Vos a nuestro Eterno Padre todas mis peticiones para conseguir el fruto que deseo. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Octavo Viernes.-
¡Oh Corazón amantísimo de Jesús, trono ígneo y lucidísimo, inflamado en el amor de los hombres a quienes deseáis abrasados mutuamente en vuestro amor! Yo deseo vivir siempre respirando llamas de amor divino en que me abrase y con que encienda a todo el mundo, para que os corresponda amante y obsequioso. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

–Noveno Viernes.-
¡Oh Corazón dolorosísimo de Jesús que, para ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor con que padecisteis tantos dolores y penas para salvarnos, los quisisteis representar en la cruz, corona de espinas y herida de la lanza con que os manifestasteis paciente y amante al mismo tiempo! Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Vos ¡oh amante Corazón! y la que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

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LOS CINCO PRIMEROS SÁBADOS DE MES AL PURÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

Esta devoción procede de una revelación de la Santísima Virgen a la beata Sor Lucía, uno de los tres pastorcillos a los que se apareció en Fátima en 1917.

El 10 de Diciembre de 1925, estando Sor Lucía en un convento de Tuy (Pontevedra), se le apareció la Virgen tal y como había ocurrido en Fátima y le dijo “Mira, hija mía, Mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos en cada momento Me clavan con blasfemias e ingratitudes, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para quitarlas. Tú, al menos, haz por consolarme.” y añadió después “Prometo, a todos aquellos que el primer Sábado de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me acompañen quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarme, asistirles en la hora de su muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”.

Además de lo anterior, Sor Lucía contó también: “Parte de la noche del 29 al 30 de Mayo de 1930, me quedé en la capilla con Nuestro Señor. Me sentí de repente más poseída íntimamente por Su divina presencia y, si no me engaño, me reveló lo siguiente sobre el motivo de por qué eran cinco los Sábados que debían dedicarse en esta devoción al Purísimo Corazón de María:

“Cinco son las clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:
1º Blasfemias contra la Inmaculada Concepción.
2º Blasfemias contra su Virginidad Perpetua.
3º Blasfemias contra la Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.
4º Tratar de infundir públicamente en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio para con esta Inmaculada Madre.
5º Los ultrajes directos a Ella en Sus sagradas imágenes”.

Para realizar esta devoción y ganar las promesas hechas por Nuestra Señora a Sor Lucía se debe:

* Asistir a Misa y comulgar el primer Sábado de cinco meses consecutivos; sin interrupciones.
* Confesarse dentro de los ocho días anteriores o posteriores a dichos Sábados.
* Rezar el Rosario dichos Sábados.
* Meditar dichos Sábados, durante quince minutos, sobre uno o varios de los Misterios rezados.
* Hacer todo lo anterior con la intención de reparar al Inmaculado Corazón de María por las blasfemias contra Ella.

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LOS SIETE DOLORES DEL PURÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

Es una devoción muy fácil, provechosa y accesible, motivo por el cual la proponemos no sólo en este apartado, sino también como oración para antes de acostarnos por la noche todos los días (Pág. 87).

María quiere que meditemos en sus dolores para que comprendamos que el dolor tiene un sentido pues ni a Ella misma, Madre de Dios “tres veces admirable” –por ser Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo–, Dios la libró de sufrir. Si María, que no tenía culpa alguna, experimentó el dolor ¿por qué no nosotros?

Si lo hacemos, vamos a ir descubriendo los buenos y grandes frutos de esta devoción que son: empezar a vivir nuestros dolores de una manera distinta y responder al Señor en el sufrimiento como Ella lo hizo.

La Santísima Virgen prometió a Santa Brígida conceder a las almas que la honran diariamente con esta devoción –de ahí nuestro empeño en incluirla en las oraciones diarias al acostarnos– los siguientes beneficios:

1º Pondré paz en sus familias.
2º Serán iluminados en los Divinos Misterios.
3º Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4º Les daré cuanto me pidan con tal que no se oponga a la voluntad de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
5º Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y los protegeré en todos los instantes de sus vidas.
6º Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre.
7º He conseguido de mi Divino Hijo que los que propaguen esta devoción –a mis lágrimas y dolores– sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su eterna consolación y alegría”.
Forma de realizar esta devoción:

— Por los dolores anunciados por el anciano Simeón: Ave María…

— Por las incertidumbres de la huida a Egipto: Ave María…

— Por la angustia por la pérdida del Niño: Ave María…

— Por los sufrimientos al contemplar la Pasión de Nuestro Señor: Ave María…

— Por los sufrimientos al contemplar la agonía de Nuestro Señor en la cruz: Ave María…

— Por el inimaginable dolor al asistir a la muerte de Nuestro Señor en la cruz: Ave María…

— Por la incomparable desolación al dar sepultura a Nuestro Señor: Ave María…

— Gloria Patri, et…

— María, Madre de Dios, de Piedad y de Misericordia, Madre nuestra, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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EL VÍA CRUCIS

Es una práctica y devoción especialmente indicada y provechosa para expiar las penas acumuladas por nuestros pecados ya confesados. Recuérdese que con la confesión de los pecados se nos perdona la culpa, es decir, el pecado en sí, y recuperamos la Gracia, pero no la pena, es decir, el castigo que merecimos cuando lo cometimos; penas que expiaremos en el Purgatorio –si caemos en él después de nuestra muerte– o que podemos expiar mientras estamos vivos mediante la oración y la penitencia.

Los Papas, a través de la Historia, han concedido a quienes realicen con devoción el Vía Crucis diversas indulgencias, o sea, la condonación de algunas de las penas que se tengan acumuladas.

El Vía Crucis debe hacerse preferentemente en una iglesia; de no ser posible, se puede hacer perfectamente en nuestra casa o en lugar recogido; en cualquiera de los casos puede hacerse a solas o en compañía.

Si se realiza en una iglesia seguiremos las Estaciones colocándonos debajo de cada una, avanzando de una a otra según estén señaladas sea mediante números o cuadros colgados de sus paredes; si lo hacemos en casa o en lugar recogido debemos tener bien a la vista un crucifijo.

Tanto en una iglesia como en casa o en otro lugar, al leer el título de cada Estación nos ponemos de pié para, de inmediato, cuando vamos a leer su contenido, ponernos de rodillas.

Esta devoción puede practicarse cuantas veces se desee a lo largo de todo el año; recomendamos realizarla una vez a la semana, a ser posible el Viernes, día de la muerte de Nuestro Señor; su duración viene a ser de una media hora.

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El Vía Crucis consta de una introducción y catorce Estaciones:

Introducción.-

(De rodillas)
— En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

— Señor mío Jesucristo…

— ¡Dulcísimo Jesús mío, que por mi amor quisisteis caminar fatigado y afligido con el pesado madero de la cruz! En memoria y reverencia de lo que por mí padecisteis en aquel áspero camino, os ofrezco los pasos que en él diere, unidos a vuestros infinitos merecimientos, con la intención de expiar mis penas y ganar las indulgencias que los Romanos Pontífices tienen concedido a los que hacen con devoción este santo ejercicio(aquí se puede ofrecer dichas indulgencias en vez de por nosotros por “los difuntos que sean de Tu agrado y de mi mayor obligación e intenciones que bien conoces”, lo cual es un notable acto de caridad). Para este fin os suplico y ruego por el remedio de las graves necesidades encomendadas por los Sumos Pontífices, así como os pido me concedáis vuestra Divina Gracia para que cuanto en este santo ejercicio medite o rece sea grato a Vuestros divinos ojos.

Estaciones.-

* Primera estación:

(De pié)
Jesús azotado y condenado a muerte.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et benedicimus tibi, quia per Sancta Crucem tuam redemisti mundi.
(Esta jaculatoria se repetirá al inicio de cada Estación).
— Considera, alma, cómo en la casa de Pilatos fue cruelmente azotado el Redentor del mundo, coronado de espinas y sentenciado a muerte.
¡Oh suavísimo Jesús, que quisisteis ser tratado como vil esclavo delante del sacrílego pueblo, esperando la sentencia de muerte que contra Vos daba el tirano juez!
SUPLÍCOOS, Señor mío, que por esta vuestra mansedumbre mortifique yo mi soberbia para que, sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, logre gozaros en la eterna.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine, miserere nobis. Bendita y alaba sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de Su Santísima Madre al pié de la cruz.
(Esta jaculatoria se repetirá al final de cada Estación).

* Segunda estación:

(De pié)
Jesús con la cruz a cuestas.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo a nuestro amado Jesús le pusieron en sus lastimados hombros el gran peso de la cruz.
¡Oh Rey Supremo de los cielos que sufristeis ser entregado a la voluntad de los judíos para ser cruelmente atormentado, y recibisteis el grave peso de la cruz!
RUÉGOOS, Señor, que tome yo gustoso la cruz de la penitencia, para que logre contemplaros eternamente en el cielo.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Tercera estación:

(De pié)
Jesús cae la primera vez.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo caminando el Señor con la cruz a cuestas, herido y desangrado, cayó en tierra debajo de la santa Cruz.
¡Oh amabilísimo Jesús, que fatigado con la cruz caísteis en tierra oprimido por el grave peso de ella para que conociésemos la gravedad de nuestros pecados figurados en aquel madero!
RUEGO a vuestra divina clemencia que me levante yo de mis culpas, y que esté siempre firme en el cumplimiento de vuestros mandamientos.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Cuarta estación:

(De pié)
Jesús encuentra a su Madre.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo el Señor con la santa Cruz a cuestas encontró a su Santísima Madre triste y afligida.
¡Oh Señora la más atribulada de las madres! Por el cruel dolor que traspasó vuestro Corazón mirando a Jesús, vuestro Hijo, afeado su rostro, abatido su cuerpo, y hecho oprobio de los hombres:
OS RUEGO, Madre afligida, que, pues fui la causa de vuestros dolores, los llore amargamente.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Quinta estación:

(De pié)
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo los judíos obligaron a Simón el Cirineo a llevar la cruz de Nuestro Señor, no movidos de piedad, sino temiendo que se les muriese en el camino por el grande peso de la cruz.
¡Oh amantísimo Jesús! Pues por mi amor llevasteis la muy pesada cruz y quisisteis que en la persona del Cirineo os ayudásemos a llevarla:
OS SUPLICO, Señor, me abrace con la cruz de la renuncia de mí mismo para que, siguiendo vuestros pasos, consiga los gozos eternos.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Sexta estación:

(De pié)
La Verónica limpia el rostro de Jesús.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo la Verónica, viendo a Su Majestad fatigado y su rostro oscurecido por el sudor, polvo, salivas y bofetadas, se llegó con toda reverencia a limpiársele con un lienzo en el cual quedó impreso el rostro divino del Salvador.
¡Oh hermosísimo Jesús que estando afeado con las inmundas salivas, os limpió el sudor aquella piadosa mujer con un lienzo blanco, en el cual quedó impreso vuestro rostro!
OS SUPLICO, Señor, que estampéis en mi alma vuestra santísima imagen, y me deis vuestro amor para conservarla siempre.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Séptima estación:

(De pié)
Jesús cae por segunda vez con la cruz.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo cayó el Señor segunda vez en la puerta Judiciaria.
¡Oh santísimo Jesús que por la fatiga grande de vuestro delicado cuerpo caísteis segunda vez con la cruz!
OS SUPLICO, Señor, me hagáis conocer el inmenso peso que tienen mis pecados, y me deis vuestra gracia para que no me arrastren a las penas eternas.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Octava estación:

(De pié)
Jesús consuela a las piadosas mujeres.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo unas piadosas mujeres, viendo que llevaban a crucificar al Señor, lloraron amargamente por verle tan injuriado.
¡Oh Maestro soberano que, viendo a las piadosas mujeres dolerse de vuestros trabajos, las enseñasteis a que llorasen por sí y por sus culpas!
CONCEDEDME, Señor mío, que con fervorosas lágrimas de contrición lave mis pecados para que persevere siempre en vuestra amistad y gracia.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Novena estación:

(De pié)
Jesús cae por tercera vez con la cruz.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo cayó el Señor tercera vez en tierra hasta llegar con su santa boca al suelo y queriéndose levantar, no pudo, antes volvió a caer de nuevo.
¡Oh begninísimo Jesús que sufristeis atropellaran vuestra divina persona haciéndoos caer tercera vez en tierra con la cruz!
SUPLÍCOOS, Dios mío, que sufra yo del mismo modo las injurias de mis enemigos, para que, teniendo paciencia en mis trabajos, goce de los deleites eternos.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Décima estación:

(De pié)
Jesús es despojado de sus vestiduras.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo habiendo llegado el Señor al monte Calvario, los soldados, sin piedad ninguna, le despojaron de sus vestiduras.
¡Oh pacientísimo Jesús! Pues sufristeis os quitasen vuestras vestiduras aquellos crueles verdugos, y con tanta fiereza que llevaron tras de sí hasta pedazos de carne:
RUÉGOOS, Señor mío, me concedáis gracia para desprenderme por vuestro amor de todos los malos hábitos que ponen continuamente mi alma en peligro de perderse para siempre.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Undécima estación:

(De pié)
Jesús es crucificado.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo fue clavado el Señor en la cruz y oyendo su Santísima Madre el primer golpe de martillo, quedó transida de dolor.
¡Oh clementísimo Jesús! Pues sufristeis ser extendido en la cruz, y que en ella clavasen vuestros pies y manos:
OS RUEGO, Señor mío, no me preste yo a maldad alguna, sino antes viva crucificado en vuestro santo servicio.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Duodécima estación:

(De pié)
Jesús muere en la cruz.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo crucificado ya el Señor, y cruelmente atormentado, exhaló por tu amor el último suspiro.
¡Oh divino Jesús que crucificado entre dos ladrones fuisteis levantado a la vista de todo el mundo y padecisteis la muerte por salvarnos!
RUÉGOOS, Señor mío, que salvéis mi alma, y que a Vos ame, a Vos quiera y por Vos muera.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Decimotercera estación:

(De pié)
La Virgen recibe y adora el cuerpo difunto de su Santísimo Hijo.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo José y Nicodemo bajaron de la cruz el santo cuerpo y le pusieron en los brazos de la Santísima Virgen.
¡Oh Madre de misericordia! Por aquella pena que padecisteis cuando os pusieron muerto en los brazos a vuestro amado Hijo:
OS SUPLICO, me alcancéis verdadero pesar de haberle ofendido, y compasión de vuestro mucho dolor.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

* Decimocuarta estación:

(De pié)
Es colocado en el sepulcro el cuerpo de Jesús.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et…
–Considera, alma, cómo la Virgen María, Señora nuestra, dejó colocar el cuerpo de su querido Hijo en el santo sepulcro.
¡Oh Purísima Señora! Por la grande pena que recibisteis cuando os tomaron de los brazos a vuestro soberano Hijo para ponerle en el santo sepulcro:
OS SUPLICO, me alcancéis de su Divina Majestad ablande mi duro corazón, y coloque en él un amor grande para amarle y servirle.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine,…

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ACTOS DE DESAGRAVIO

Es demostración de profunda piedad y caridad para con Dios, desagraviarle siempre que podamos por tanto como se le ofende; por ello es muy conveniente reparar dichas ofensas, desagraviarle, y pedirle perdón y misericordia.

Entre los muchos actos de desagravio que existen, elegimos los dos siguientes:

* El enseñado por el ángel que se apareció a los pastorcillos de Fátima días antes de que lo hiciera la Santísima Virgen María.

Como puede comprobarse, al proceder de fuente tan segura lo hemos incorporado en las oraciones al terminar la Misa o, caso de no asistir a ella por la mañana, en las que rezamos al levantarnos, de manera que de una u otra forma desagraviemos a Dios a diario:

— Dios Padre, Todopoderoso: yo creo, adoro, espero y os amo, y, aunque yo no soy digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.

— Dios Hijo, Redentor del mundo: yo creo, adoro, espero y os amo, y, aunque yo no soy digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.

— Dios Espíritu Santo: ven, llena este alma, esta mente y este corazón, infunde en ellos el fuego de Tu amor, renuévalos, límpialos y conviértelos. Yo creo, adoro, espero y os amo, y aunque yo no soy digno, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman, y por la cantidad de veces que yo al pecar tampoco lo hago.

— Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo os adoro profundamente y, aun no siendo yo digno, os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en todos los sagrarios del mundo en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismos es ofendido, y por Su Sacratísimo Corazón y el Inmaculado Corazón de María, os ruego la conversión de los pobres pecadores y descreídos, entre ellos la mía propia, el más necesitados de todos.

* El elaborado por el P. Llopart (SJ), bien que actualizado, que rezaremos siempre antes de cada Vía Crucis; si como hemos recomendado el Vía Crucis lo rezamos el Viernes de cada semana, el desagravio con este acto será semanal:

— Divino Salvador de las almas. Cubierto de confusión mi rostro, me postro ante vuestra presencia soberana, y dirigiendo mi vista al solitario Sagrario, donde gemís cautivo de nuestro amor, se parte mi corazón de pena al ver el olvido en que os tienen los redimidos, al ver esterilizada vuestra sangre, infructuosos los sacrificios y escarnecido vuestro amor. Pero ya que con infinita condescendencia permitís que una mis gemidos a los vuestros, mis lágrimas a las que brotaron por nuestra causa de vuestros santísimos ojos, a las lágrimas de sangre que vertió vuestro divino Corazón, os ruego, dulce Jesús, por los que no ruegan, os bendigo por los que os maldicen y os adoro por los que, despiadados, os ultrajan. Y con toda la energía de mi alma deseo bendeciros y alabaros en todos los instantes y en todos los Sagrarios de la tierra y con los valiosos afectos de vuestro amante Corazón.
Suba, Señor, hasta Vos, el doloroso grito de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de mi contrito corazón:
– Por mis pecados, por los de mis padres, hermanos, hijos, amigos y conocidos, por los de España y el mundo entero.
Perdón, Señor, perdón.
– Por los sacrilegios, profanaciones de iglesias, blasfemias e indiferencias.
Perdón, Señor, perdón.
– Por las impurezas, vicios, infidelidades, escándalos y la corrupción de las costumbres.
Perdón, Señor, perdón.
– Por los divorcios, abortos y la eutanasia.
Perdón, Señor, perdón.
– Por los robos, corrupciones e injusticias, por las debilidades y respetos humanos.
Perdón, Señor, perdón.
– Por los crímenes de los esposos, por las negligencias de los padres y por las faltas de los hijos.
Perdón, Señor, perdón.
– Por la desobediencia y persecución contra la Santa Iglesia.
Perdón, Señor, perdón.
– Por la falta de fe, de oración y penitencia.
Perdón, Señor, perdón.
– Por los ataques contra el Romano Pontífice, obispos, sacerdotes y religiosos.
Perdón, Señor, perdón.
– Por el mal uso y el abuso de los Sacramentos, y por los sacerdotes y religiosos descarriados.
Perdón, Señor, perdón.
– Por la impiedad, blasfemias y escándalos prodigados por los medios de comunicación, artes y ciencias, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas.
Perdón, Señor, perdón.
– Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la Gracia y por todos los que sufren.
Piedad, Señor, piedad.
Perdón, Señor, y piedad para el más necesitados de vuestra Gracia; que la luz de vuestros divinos ojos no se aparte jamás de nosotros; encadenad a la puerta del Sagrario nuestros inconstantes corazones; hacedles allí sentir los incendios del amor divino, y a la vista de las propias ingratitudes y rebeldías, que se deshagan de pena, que lloren lágrimas de sangre, que vivan muriendo de amor. Amén.

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LAS TRES AVEMARÍAS

Esta devoción, también conocida como “Llave del Cielo”, procede de la revelación que la Virgen hizo a Santa Gertrudis la Grande, religiosa alemana del siglo XII.

La Virgen dijo a la religiosa que con el rezo de Las Tres Avemarías la veneramos en su relación con Dios Trino y la ayudamos a agradecer a la Santísima Trinidad los privilegios que le han sido otorgados, a saber: Poder, Sabiduría y Amor —“Después del Poder del Padre, la Sabiduría del Hijo, y la Ternura misericordiosa del Espíritu Santo, nada se aproxima al Poder, la Sabiduría y la Ternura misericordiosa de María”–; asimismo, con el rezo de esta devoción también la instamos a que haga uso del Poder, Sabiduría y Amor con que Dios la ha colmado en nuestro favor; recordemos que más que ella SÓLO DIOS.

La Virgen instó a Santa Gertrudis a que rezáramos las tres Avemarías porque “La devoción de las tres Avemarías siempre me fue muy grata… No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar cuanto podáis. Cada día tendréis pruebas de su eficacia…”

Además, le hizo a dicha santa las siguientes promesas: “Quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentaría el poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo, así como que en la hora de la muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales”.

Asimismo, la Virgen manifestó en una revelación a Sor María Villani, religiosa dominica del siglo XVI, mientras rezaba las tres Avemarías: “No sólo alcanzarás las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial protectora tuya y de cuantos como tú practiquen esta devoción”.

Añadamos que de esta devoción se ha dicho: “Una de las más agradables devociones que se le pueden ofrecer a nuestra Madre, es la de ayudarle a dar gracias a la Augusta Trinidad por el Poder que recibió del Padre Eterno, por la Sabiduría con que la enriqueció su Hijo y por la Caridad de que la llenó el Espíritu Santo”(Beato Diego de Cádiz –padre capuchino del siglo XVIII– llamado el apóstol de la Santísima Trinidad).

Por su importancia y facilidad, esta devoción la hemos incorporado a las oraciones al acostarnos –sea la siesta o por la noche–, de forma que se rece diariamente incluso dos veces.

La devoción consiste en:

— María, Madre de Dios y Madre mía; líbrame de caer en pecado mortal.
–Por el Poder que te otorgó Dios Padre Todopoderoso: Ave María….
–Por la Sabiduría que te otorgó Dios Hijo Redentor del mundo: Ave María…
–Por la caridad que te otorgó Dios Espíritu Santo: Ave María…
–¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!
–Gloria…

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ENCARGAR MISAS

Es una práctica de devoción y caridad de suma importancia, tanta cuanto lo es la Santa Misa.

Podemos y debemos encargar Misas –preferentemente a sacerdotes de nuestra confianza–, siempre a cambio del estipendio que nos indique:

* Por los difuntos; a los que no debemos olvidar nunca:
(los cuales, al no poder hacer ya méritos, caso de encontrarse en el Purgatorio, dependen totalmente de nuestras oraciones para expiar sus penas y acortar su estancia en él)

—Especialmente tras el fallecimiento de algún ser querido, familiar, amigo o persona admirada, o en el aniversario de su fallecimiento o de su cumpleaños.
—Regularmente –por ejemplo una vez al mes–, por los difuntos en su conjunto de nuestra familia.

* Por los enfermos (especialmente por los graves o agonizantes):
–Pidiendo o bien su recuperación o bien su salvación; sobre todo que no fallezcan sin haberse confesado y recibido los Santos Sacramentos.

* Por los vivos:
—Siempre por nosotros mismos en nuestro cumpleaños, dando gracias y pidiendo nuestra conversión.
—Igualmente en el aniversario de nuestros familiares más allegados.

* Para pedir:
–Por nuestras (y las de otros) necesidades espirituales y materiales tales como proyectos, trabajo, enfermedades, etc.; las materiales siempre supeditadas a la voluntad de Dios.

* Para dar gracias:
–Por algún don especial recibido o por el buen fin de alguna importante empresa, trabajo, proyecto, operación quirúrgica, etc.

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PENITENCIAS

Junto con la oración, son las penitencias y los sacrificios la mejor forma de expiar en la Tierra las penas acumuladas por nuestros pecados. La Virgen, en todas sus apariciones a través de la Historia, siempre ha manifestado reiteradamente la necesidad urgente e imperiosa no sólo de orar, sino también de hacer penitencia. Las penitencias y sacrificios deben hacerse por amor a Dios, debiendo ser posibles y no implicar riesgos para la salud.

* Obligatorias:

— Ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
— Sobrellevar en todo momento las adversidades de todo tipo y las enfermedades –leves o graves– con resignación y ánimo ofreciendo los sufrimientos inherentes a Dios.

* Voluntarias:

— Durante la Cuaresma, tiempo especial de penitencia y conversión durante el cual los frutos que obtenemos de nuestras oraciones y sacrificios son muy grandes, debemos privarnos o bien de algún alimento que nos resulte especialmente agradable –dulces, café, etc.– o de alguna actividad igualmente atrayente para nosotros –de la siesta, de fumar, de ver la televisión, etc.–; o bien realizar obras de caridad o dar limosnas, sean grandes o pequeñas.

* Además, recomendamos:

— Abstenerse de comer carne todos los Viernes del año.
— Privarse una vez al día de algo puntual en el momento en que se nos apetece –de un vaso de agua, de parte de un postre, etc.– o realizar un pequeño y puntual esfuerzo como no utilizar el ascensor, etc.

¡Laus Deo!

ALGUNAS LECTURAS IMPRESCINDIBLES

La lectura es fuente esencial para cumplir con nuestra obligación de conocer más y mejor nuestra fe; también para avanzar espiritualmente; es asimismo de gran ayuda para mejor orar. Debemos habituarnos a leer libros de espiritualidad –meditando sobre su contenido–, eligiendo aquellos cuyo contenido sea seguro y esté comprobado; hoy en día se escribe mucho, pero en general mediocre e incluso no pocas veces descarriado, por eso recomendamos o libros escritos por santos –también sobre sus vidas– o de autores anteriores a los años cincuenta del siglo XX. Y es que hay que ser muy prudentes y precavidos a la hora de elegir nuestras lecturas espirituales; en cualquier caso consultar siempre con un sacerdote de confianza.

Libros probados, y que consideramos de imprescindible lectura –y relectura cuantas veces podamos–, recomendamos vivamente los siguientes:

* Vida de Nuestro Señor Jesucristo, de Louis Claude Fillion.
Considerada una de las mejores “biografías” de Jesucristo, y un clásico en su género. Ofrece una visión apasionada, atrayente y serena de la figura de Nuestro Señor, descrita con rigor científico y expuesta desde la fe de un gran exégeta como fue Fillion (1843-1927). Desde su aparición en 1922, sigue despertando enorme interés.

* Vida de Cristo, de Fulton John Sheen.
Otra magnífica “biografía” de Jesucristo, y otro clásico en su género. Ofrece una visión muy meditada y con grandes enseñanzas sobre Nuestro Señor, obra del que fue gran propagandista y obispo norteamericano Mons. Fulton Sheen (1895-19797).

* Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis.
En sus ratos libres, Tomás de Kempis (1380-1471) fue escribiendo este libro poco a poco, durante muchos años, a medida que su espíritu se iba volviendo más sabio y su santidad y su experiencia iban aumentando. De esta obra dijo un autor: “Es el más hermoso libro salido de la mano de un hombre”.

* Explicación del Santo Sacrificio de la Misa, del P. Martín von Cochem (O.F.M).
Este libro del P. von Cochem (1625-1712) está escrito con una fe tenaz y solida devoción que no alberga ninguna duda, reconociendo las mejores obras de Dios con un corazón agradecido. Es lectura esencial para conocer y comprender que “De todos los Misterios Sagrados dados a nosotros por Nuestro Señor como fuentes inagotables de gracia, no hay ninguno que pueda ser comparado con el más santo sacramento de la Misa” (Catecismo del Concilio de Trento Parte III).

* Guía de pecadores, de Fray Luis de Granada.
Fray Luis de Granada (1504-1588) está considerado como uno de los mayores oradores sagrados que ha tenido nuestra lengua y maestro de los escritores espirituales del Siglo de Oro español.

* El gran medio de la oración, de San Alfonso Mª de Ligorio, doctor de la Iglesia (1696-1787).
* Preparación para la muerte, de San Alfonso Mª de Ligorio.
* Las Glorias de María, de San Alfonso Mª de Ligorio.
* San Alfonso Mª de Ligorio tiene una de las producciones literarias más importantes, sugestivas e imprescindibles de leer para todo buen católico

* Sentencias, de San Isidoro de Sevilla.
San Isidoro (556-636), obispo, doctor de la Iglesia, santo e intelectual de inigualable talla, reconocido ya en su tiempo y hasta la actualidad, escribió muchas obras llenas de sapiencia teológica y moral, siendo sus “Sentencias” una de las mejores; compendio directo de fe y de moralidad extraordinario.

¡Laus Deo!

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;

porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,

y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es Santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación

Él hizo proezas con su brazo:

dispersó a los soberbios de corazón,

derribó del trono a los poderosos

y enalteció a los humildes,

a los hambrientos los colmó de bienes

y a los ricos los despidió vacíos.

(“Magníficat”. Evangelio según San Lucas)

 

 

Este libro se escribió en España,

terminándose el día del Corpus Christi

del año 2014 de Nuestro Señor

¡Laus Deo!